Opinión

Autor: Julio Escalona

11:08 am
08
Sep
2015

Ya la revista Semana de Bogotá calificó la decisión de acusar a Venezuela ante la Corte Penal Internacional (CPI) como un “disparate”. Desde el punto de vista de mantener las posibilidades de diálogo bilateral entre los dos gobiernos, lo es, pero si lo que quieren es internacionalizar el conflicto, acelerar los procesos de desestabilización y derrocar al gobierno de Venezuela, no lo es. Desde el punto de vista de la paz, es un crimen, pero al poder mundial que actúa a través de EEUU e Israel, le parece que esa es la mejor salida. La prepotencia imperial los ha conducido a un paso en falso. Nadie sensato los va a acompañar.

El imperio ha entendido que no puede enfrentarse en bloque a la región latinocaribeña. La VII Cumbre en Panamá lo demostró. La decisión fue fomentar un conflicto intrarregional, luego internacionalizarlo, sacarlo de las competencias de Unasur y llevarlo a instancias internacionales más fáciles de manipular. En Colombia tienen 7 bases militares, una no declarada de Israel y un ejército paramilitar integrado por criminales, infiltrados ya en Venezuela, participando en la guerra de baja intensidad.

Han llevado al extremo el contrabando, legalizándolo, la guerra contra el bolívar y la desestabilización de la economía venezolana hasta que el presidente Maduro reaccionó cerrando la frontera y proponiendo una negociación a nivel presidencial. Santos se apresuró a convocar de urgencia una reunión de Unasur y el presidente Maduro propuso la formación de una comisión paritaria que se trasladara a la frontera. La ultraderecha reaccionó por instrucciones del poder mundial y decidió salirse de Unasur y llevar el caso ante la CPI.

Prefieren mantenerse aliados del gobierno de EEUU, no del pueblo afectado por la pobreza y la discriminación racial. La “valentía” que muestran para llevarnos ante la CPI, es la que no tienen para denunciar a los soldados estadounidenses que violan a las niñas colombianas.

Ante la fuga de Colombia de las instancias regionales, ¿podríamos insistir en una negociación presidencial sin condiciones previas, dejándolos sin máscaras?

Están destruyendo el proceso de integración que unidos nos ha hecho recuperar dignidad y fuerza internacional. Tienen aviones, bombas, cañones y misiles y al frente a los peores mercenarios de la tierra. Los derrotaremos con la paz. Sin fanfarronería y con la seguridad de que no representan la dignidad del pueblo colombiano, les decimos ¡No pasarán!

 

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