Opinión

Autor: Asalia Venegas

09:52 am
23
Jul
2015

Nunca una oposición en Venezuela había sido tan errática como la actual. La democracia representativa permitió a los partidos de esa época -por los acuerdos y pactos que fueron su telón de fondo- alternarse en el poder cada cuatro años. Construyeron el bipartidismo, según el real saber y entender de Rafael Caldera y Rómulo Betancourt. Los partidos del estatus, AD y Copei, generaron los mecanismos que les permitirían mantener el control del Estado durante 45 años.

Las alianzas que hubo con la burguesía nacional y la oligarquía criolla, de no agresión, facilitó que el engranaje económico fuese controlado por esos sectores -industrias, comercio, el sector agrícola- y propició la acumulación de inmensas fortunas. Por otro lado, las mejores tierras, las más fértiles, pasaron a manos de estas familias generándose un nuevo tipo de latifundismo. Esos poderosos grupos económicos logran permear la estructura del Estado.

Las fronteras entre la economía y la política se diluyen en esta IV República. Es el poder compartido en su totalidad. En las instituciones del Estado, la voz de los empresarios era un desiderátum. Fedecámaras, Conindustria, Consecomercio, tenían injerencia directa en la toma de decisiones en el campo económico y un marcado ascendiente en la figura presidencial, sin importar de cuál partido se era.

Ni qué hablar del escenario internacional. Siendo este un país con unas cuantiosas reservas petroleras, es obvio que el gigante del norte tenía sus garras metidas acá hasta los tuétanos. El Departamento de Estado era de absoluta confianza de los mandatarios y la embajada gringa tenía voz y voto en los asuntos del Estado. ¿Y la soberanía del país? Pisoteada evidentemente. La política internacional respondía más a intereses foráneos que a los propios.

Esto cambió y para siempre. La Constitución de 1999 marca los hitos por seguir. El Plan de la Patria -ley de la república- signa los caminos por recorrer. El protagonismo del pueblo se ha acrecentado cada vez más. Su organización, militancia y concientización -parte sustancial del legado de Chávez-, demostrados el 28 de junio, requiere otra oposición, cuya mente no esté conectada con la IV República, que está RIP. ¿Saldrá la MUD de su laberinto? Todo indica que no.

 

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