Opinión

Autor: Luis Britto García

11:31 am
11
Ene
2016

1 Petróleo, motor del mundo. Sin él no funcionarían automóviles ni aeroplanos ni maquinarias cultivadoras y cosechadoras de alimentos, ni plásticos ni la mayoría de los insecticidas y fertilizantes. Según la Energy Information Agency de Estados Unidos, para 2014 el mundo produce diariamente 91,4 millones de barriles de petróleo. En esta carrera para 2015 descuellan Estados Unidos con 13.973.000 barriles diarios; Arabia Saudita, con 11.624.000; Rusia, con 10.853,000; China, con 4.572.000; Canadá, con 4.383.000; los Emiratos Árabes Unidos, con 3.471.000; Irán, con 3.375.000; Irak, con 3.371.000; Brasil, con 2.950.000; México, con 2.812.000; Kuwait, con 2.780.000, y Venezuela, con 2.689.000 barriles por día. Trece de los países productores están en la Opep e intentan limitar su producción para obtener mejores precios y mantener sus reservas; el resto no tiene otra ley que la de extraer el máximo para el mayor beneficio inmediato. Entre unos y otros hay una Guerra Mundial permanente por el control del motor del mundo, o sea, del mundo.

2 Bajo el capitalismo el motor del mundo acelera con auges y guerras y decelera con crisis. En 1973 revienta la Guerra del Yom Kippur, y la Opep embarga la exportación hacia los países que apoyaron a Israel contra Egipto: los precios del petróleo se cuadruplican, y muchos países productores nacionalizan las empresas. Estados Unidos raciona la energía y reduce el tamaño de sus autos. En 1979 Irán derroca al entreguista rey Pahlevi y sufre un bloqueo contra sus exportaciones. En 1990 repuntan los precios con la Guerra del Golfo y el embargo a la producción de Irak. En 2001 arranca la guerra contra Afganistán e Irak y el petróleo asciende vertiginosamente hasta los cien dólares por barril. Irak y Libia intentan disociar su petróleo del desvalorizado dólar, asociándolo al euro o a posibles divisas propias, y son bárbaramente aniquilados, y sus presidentes linchados. Irán convierte la mitad de las reservas de su Banco Central a euros, y es sancionado en 2005 con restricciones a la compra de su petróleo. La economía venezolana refleja traumáticamente estos altibajos.

3 Durante mucho tiempo asumí que cuando las multinacionales restablecieran la producción del devastado Irak, inundarían el mercado para quebrar a la Opep. A este diluvio de crudo en el mercado mundial se suman otros torrentes. Estados Unidos desarrolla frenéticamente su producción local y los hidrocarburos de esquistos, hasta figurar hoy como primer productor mundial. Arabia Saudita viola las cuotas de la Opep para pagar compras de armamentos y equilibrar su castigado presupuesto. Se retiran las sanciones contra Irán, y éste lanza al mercado cuantiosas reservas. El Daesh vende a precio de gallina flaca el aceite de los pozos saqueados en Libia, Irak y Siria. Así cayó vertiginosamente el barril venezolano de $100 en 2005 a $43 en 2015.

4 Pero la baja en los precios tiene límites precisos: el costo de producción. Al Reino Unido le cuesta producir un barril de petróleo $52,50; a Canadá $41; a Estados Unidos $36,20, y el costo de la energía de esquistos es mucho mayor (Paul Ausick, www.247st.com 25-11-2015). Jugar a la baja quebraría sus empresas antes que las del Tercer Mundo. Las de Kuwait lo producen a $8,50 por barril, las de Arabia Saudita a $9,90, las de Irak a $10,70, las de los Emiratos Árabes Unidos a $12,30, la de Irán a $12,30, las de Rusia a $17,20, la de Venezuela a $23,50, con una ganancia al venderlo de menos de 20 dólares. Ello explica en parte las actuales dificultades económicas y políticas.

5 ¿Durarán para siempre? La transitoria reducción del consumo acarrea baja de la inversión en la producción de combustible fósil, y esta traerá a corto plazo una escasez que disparará de nuevo los precios. Sobrepasamos el pico de Hubbert: hemos consumido más de la mitad de todas las reservas de hidrocarburos del planeta. En Venezuela está la quinta parte de ellas. En otras palabras, somos dueños del futuro. No nos lo dejemos quitar de las manos.

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