Opinión

Autor: Carola Chávez

10:48 am
18
May
2015

En un reino lejano y hermético vive un rey muy maluco que, de paso, tiene un peinado horrible. Este despiadado rey es hijo de otro rey despiadado que, a su vez, era hijo de otro malvado que fue quien fundó la dinastía. Al parecer todos tenían el mismo barbero aunque este dato no se ha podido confirmar. Lo poco que se sabe de ese reino es gracias a la agencia de inteligencia del feliz reino vecino que no deja de vigilar los pasos del reino malvado que consideran una amenaza… y no es para menos.

Basta lo poco que se conoce para morirse de miedo. Sin ir a la historia, olvidando los desmanes de sus predecesores, el rastro de sangre que va dejando el nuevo monarca a pocos años de su coronación es escalofriante. Un rey que inaugura su mandato fusilando a su inadecuada novia, una cantante de pop que, evidentemente, servía como juguete de un príncipe malcriado pero jamás como reina.

Supimos por la prensa libre de aquella talentosa muchacha y de su trágico final, que no fue solo suyo sino de todos los miembros de su banda, fusilados, silenciada la música en el reino de la tristeza.

Lloró el mundo libre. Lloró tanto que no pudo ver a la banda, meses después, vivita y coleando, en un concierto público, allí, en el mismito lugar donde habrían sido fusilados.

Después le tocó el turno a un tío real. Un viejito abnegado que se dedicó en cuerpo y alma a su entonces principesco sobrino que, apenas ascendió al trono, descargó su ingratitud sobre el fiel tío anciano, cuyo destino fue la condena a muerte. Fue así como, por decreto real, el viejito huesudo fue lanzado a los reales perros hambrientos. Es que el rey es tan malo que hasta sus perros pasan hambre y claro, apenas les lanzan un viejo, ¡zuácata!, van y se lo comen.

Recientemente, al rey de los asesinatos espectaculares, le dio por matar a su consejero de defensa. Gracias al feliz reino vecino supimos que el infortunado se quedó dormido durante un desfile militar, desatando la ira del iracundo monarca que ordenó, inmediatamente, fusilar al dormilón nada más y nada menos que con un cañón antiaéreo. Así se hizo, volviéndolo papilla.

Lo raro de ese reino es que al día siguiente, como siempre, el muerto resucitó sin un rasguño, lo que nos hace sospechar que en ese oscuro reino, además de otras atrocidades, también practican vudú.

 

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