Opinión

Autor: Stella Calloni

09:18 pm
23
Ago
2011

No es posible ignorar de qué se trata la guerra en Libia, guste o no guste Gaddafi. Los “rebeldes” libios nunca pudieron avanzar un tramo sin que la OTAN, mediante feroces bombardeos, les abriera el camino.

Pero si leemos los cables de las agencias y la mayoría de los periódicos del mundo, no hay referencias a las víctimas, no existen. El discurso único es sobre los “rebeldes”.

Con el país bajo control de los sublevados, todo tipo de historias se contarán sobre el “terror” gubernamental y los “horrores” de la guerra serán atribuidos al vencido. En un país invadido y ocupado sólo habla el ocupante o sus aliados locales. El resto queda atrapado en el terror y en la necesidad de la supervivencia.

Revisando toda la información desde que comenzó el conflicto, podemos escribir un manual de lo que es realmente el terrorismo mediático, y sus consecuencias. Cada palabra matará como los misiles y las bombas que caen sobre la población.

“Libia: un silencio ensordecedor” tituló la prestigiosa y valiente periodista Jody McIntyre una nota en el periódico británico The Independent (http://blogs.independent.co.uk/2011/06/07/libya-a-deafening-silence /). Escribe: “¡Así que ahora estamos enviando helicópteros Apache a bombardear civiles libios! Una escalada de otra sangrienta guerra de la OTAN. O, como dijo el coronel Jason Etherington, `sólo agrega algo más a la fiesta`”

“Todos los medios se alinearon: `Es una guerra para proteger civiles`. `Es una guerra para obligar a que Gaddafi se vaya`”, afirma la periodista británica, y agrega: “¡Como si los gobiernos occidentales, con sus orgullosas historias de abusos contra los derechos humanos en todo el mundo, tuvieran algún derecho moral a juzgar al gobierno de Libia! La retórica de Etherington revela una verdad infame, esta guerra es un juego para nosotros, una `fiesta` que vale la pena agrandar” concluye.

Y cita que “hasta Al Jazeera publicó la historia aceptada de los `rebeldes` que tomaban una ciudad tras la otra”. También reclama porque “nunca muestran imágenes de los crímenes de la llamada brigada `rebelde`, que atacó violentamente a libios negros y a ciudadanos africanos negros en el este del país, calificándolos de `mercenarios africanos` contratados por Gaddafi, a pesar del hecho de que todos los libios son africanos. No se informa nada de todo esto porque no se ajustaría a la narrativa aceptada”.

En otro párrafo se pregunta “¿A qué se debe tanto silencio? A diferencia de Afganistán e Irak, que provocaron inmensas protestas en todo el mundo, la reacción a Libia ha sido relativamente sosegada. Nos han hecho creer una premisa falsa y, como diría Noam Chomsky, hemos permitido que fabriquen nuestro consenso”.

Razona que “el imperialismo no conoce límites cuando ha iniciado una guerra. Siempre me ha impresionado que la gente sea casi histérica en sus reacciones cuando tiene que ver con una guerra en la que participa nuestro país. Si uno observa la realidad de la situación, le acusan de no interesarse por los civiles libios, o de apoyar a un dictador. En realidad, es a nuestro gobierno al que le gusta apoyar dictaduras, y nuestro gobierno es el que está bombardeando civiles libios”.

También cita en su nota a Frank Natter quien escribió en su blog `Straight Talk` que “todos los contribuyentes fiscales consentimos tácitamente las bombas que se usan para matar a la gente en Afganistán y Libia, y las financiamos indirectamente. Para citar a Sartre: `no sois maravillosos, sois asesinos`.”

Con claridad meridiana advierte McIntyre que “esto no tiene nada que ver con la protección de civiles y todo con el restablecimiento de una debilitada dominación militar y económica en la región”.

Por eso este silencio es “ensordecedor” como lo titula en su nota. Y también aterrador.

En julio pasado, los periodistas libios enviaron una conmovedora carta después de un bombardeo de la OTAN a la televisión libia. “Ya se ha colmado el `vaso` de la intervención extranjera colonialista y genocida sobre Libia, con este ataque contra las instalaciones de la TV, con la muerte de tres compañeros periodistas claramente pertenecientes a la población civil”.

Añaden que en realidad “se tenía que haber colmado con el primer civil que hubiese muerto, pero cuando el dolor es ajeno la mayoría permanece aséptica y acostumbrada a este tipo de noticias y más cuando se justifican con la excusa que es necesario perseguir, expulsar o asesinar a un `dictador`”. Y advierten que es un límite del que no se puede regresar cuando aumentan los objetivos de ataque que afectan a escuelas, hospitales, universidades y otros organismos o directamente medios de comunicación. En nombre de sus muertos piden una reflexión al mundo.

Por supuesto que nadie recogió estas palabras y no hubo “periodistas solidarios”, y ese silencio no sólo es aterrador, sino cómplice.

Si Libia cae en las mismas manos que han cometido el primer genocidio del siglo XXI en Afganistán, Irak y otros lugares, habrá caído definitivamente la máscara de la ONU y de la legalidad internacional.

Habrá caído la posibilidad de utilizar negociaciones para la paz, porque nunca aceptó Estados Unidos -ni sus asociados o subordinados- escuchar las voces múltiples que se levantaron, entre ellos de la Unión Africana, de Venezuela y de otros países, para evitar otra tragedia en el mundo. Y como sucede con Siria, el “modelo” de crear un foco en un país para arrasarlo luego en nombre del humanitarismo imperialista, será aplicado en cualquier lugar del mundo y ningún país quedará a salvo

 

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