Opinión

Autor: Gipsy Gastello

02:11 pm
09
Sep
2015

Lo decía nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro desde el Palacio de Miraflores: “Venezuela es inderrotable”.

Sí, lo es.

Tal vez no lo veamos siempre desde su justa dimensión.

Angustia, sabemos que angustia ver cómo nuestras cadenas de automercados se han convertido en el centro del negocio de los bachaqueros y bachaqueras, ese último eslabón en la cadena de enemigos del pueblo venezolano.

Angustia, a mí también me angustia, saber que debo hacer cola desde la madrugada por mi número de cédula y llegar apenas cinco turnos después que todo se acaba.

Angustia, es verdad que angustia, ver en las paradas de autobuses, en las salidas de las estaciones de Metro, en plenos mercados populares, todos esos artículos de primera necesidad que nunca encontramos, con sus precios multiplicados por cien, o más.

Angustia, reconozcamos que angustia, mirar los precios con miedo, porque los aumentan a la semana, al día, según el antojo de ese mercado negro que intenta devorarlo todo.

Ahora pregunto, ¿vamos a dejar que más de quince años de Revolución Bolivariana se vayan por el caño porque ese cruel y sanguinario imperio decidió aplicarnos el mismo guión de siempre, el del bloqueo? ¿Vamos a cruzarnos de brazos mientras vemos cómo la derecha asesina pretende borrar del mapa el legado del Comandante Eterno Hugo Chávez, porque no les da la gana de seguir perdiendo por la vía electoral?

Sería absurdo doblegarnos a estas alturas del partido. Sería absurdo arrodillarnos justo ahora. Sería absurdo dejarnos re-colonizar cuando estamos a un paso de la independencia definitiva.

Tenemos dificultades, nadie lo está negando. Todos y todas las vivimos por igual, incluso quienes aplauden a la derecha maltrecha.

Pero tampoco podemos negar que nuestro Presidente Obrero y su equipo de Gobierno le están echando un camión de ganas, que están entregando su vida, por vencer de una vez por todas al imperio más poderoso de todos los tiempos.

Nadie dijo que sería fácil. Con el Comadante Eterno entre nosotros tampoco lo fue. Ya tenemos años de duro entrenamiento porque, recuerden, nuestra libertad significa menos ganancias en las cuentas bancarias de los grandes dueños del capital.

Lo que sí sería imperdonable es dejarnos convencer por la misma garra que intenta sin descanso acorralarnos. Dejarnos domesticar por sus oscuras intenciones y sus inhumanas prácticas cotidianas, sería perderlo todo.

No, no nos podemos dar ese lujo. Y así como nuestro hermano y camarada Nicolás Maduro está enfrentando con toda la valentía del planeta a los grandes canallas, nosotros y nosotras debemos cerrar filas junto a él. Es el tiempo del todo o nada, y no sé ustedes, pero es el todo por el todo lo que entregó nuestro amado gigante Hugo Chávez. Nunca olviden que entregó hasta su último latido por la Patria Bonita. ¿Quedarle mal a él? ¡Jamás!

Entonces, nunca olviden las palabras de nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro desde el Palacio de Miraflores: “Venezuela es inderrotable”. Llegó la hora de demostrar esa lealtad absoluta con la que tanto nos llenamos la boca.

 

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