Opinión

Autor: José Vicente Rangel

08:38 am
11
Jun
2013

1º Colombia es un vecino difícil. O mejor, su clase dirigente. No llego al extremo de definirlo con la misma frase del mexicano Porfirio Díaz sobre la vecindad de su país con los Estados Unidos: “Pobrecito México: tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, porque los problemas no son con el pueblo colombiano sino con la macolla formada por quienes siempre han estado al frente de los gobiernos colombianos, liberales o conservadores. Venezuela ha sido, en el tiempo, blanco de actitudes inamistosas y, muchas veces, desconsideradas de ese sector social y político. Al respecto opiné muchas veces, en debates parlamentarios ante situaciones concretas, en columnas periodísticas e, inclusive, en eventos internacionales. Como mi posición sobre el tema es conocida, omitiré mencionar hechos de carácter histórico que tienen que ver, por ejemplo, con la posición de Santander frente a Bolívar, la concepción geopolítica anexionista de Londoño, el despojo territorial en la Guajira y el Tratado Santos-López -5 de abril de 1941, suscrito en la Villa del Rosario de Cúcuta-, que como lo confesara López años después con angustia, lo firmó dada la debilidad militar de nuestro país. Dicho tratado garantizó la navegabilidad de Colombia en ríos venezolanos y comprometió, sin contrapartida para Venezuela, la soberanía nacional.

2º También surgieron otras provocaciones con características diferentes. Como las del expresidente Uribe, quien en la ejecución de una política dirigida desde Washington, optó por convertirse en el antiChávez de la región, luego de ser su rastrero interlocutor. Ahora Juan Manuel Santos, que luego de recomponer la relación con el gobierno de Chávez, de quien dijo era “su nuevo mejor amigo” -y habiendo cultivado el diálogo con el Canciller Maduro- da el paso, aparentemente inexplicable, de recibir a Capriles y de analizar con él las interioridades de la política venezolana en un momento conflictivo.

3º¿Midió Santos las consecuencias de la reunión? Lo dudo. Se trata de un hombre astuto, inteligente, con muchas horas de vuelo en la política y la comunicación, para pensar que no se paseó por las consecuencias de ese acto. No le queda bien decir que lo “sorprendió” la reacción de Maduro. Al contrario, hubo muchos motivos. Enumero algunos: Porque hoy por hoy el interlocutor menos indicado es el excandidato presidencial. No porque no se le pueda imponer la agenda a un gobernante, imponerle con quién puede o no hablar. No. Pero los Jefes de Estado están obligados a cuidar las relaciones con otros gobiernos y evitar provocaciones. Capriles no es un interlocutor apropiado. Es alguien que está bajo sospecha por su participación en el golpe del 11-A contra la Constitución y el paro petrolero. El canciller ecuatoriano Patiño se lo recordó para que se abstuviera de viajar a su país -y por similares razones aplazó la visita a Perú-. Además, Capriles se niega a reconocer a Maduro como presidente. Lo califica de “ilegítimo”, pese a que todas las auditorías confirman su victoria el 14-A. Desconoce también a los poderes públicos: Tribunal Supremo, Ministerio Público, CNE, Defensoría, Contraloría y agrede a la Fanb. Es decir, se trata de un personaje alzado contra las autoridades legítimamente constituidas. Alguien que reaccionó llamando a la violencia el 15-A, en respuesta a la proclamación de Maduro por el CNE, causando el asesinato de 10 chavistas, 70 heridos y asaltos a casas del Psuv e instalaciones públicas. ¿Califica alguien con esos antecedentes para reunirse con el presidente Santos en estos momentos? ¿Vale la pena exponer la relación de ambas naciones con semejante gesto? Guardando la distancia -tiempo, contexto, personajes, circunstancias-, estamos ante una provocación de Santos, similar a la de Barco con la corbeta Caldas el 9 de agosto de 1987. Ambas inexplicables, pero indudablemente deliberadas. ¿Qué motivó a Barco a meter la nave de guerra colombiana en aguas jurisdiccionales del Golfo de Venezuela? ¿Subestimó al gobierno venezolano? ¿La creencia arraigada en el liderazgo colombiano de su superioridad sobre el venezolano? ¿Acaso piensan, del otro lado de la frontera, que aún pueden montar provocaciones impunemente? Claro está: hay diferencias entre lo ocurrido con el Caldas hace 26 años y lo de Santos con Capriles. Pero en este caso, poner en peligro la relación Venezuela-Colombia por un personaje sin entidad democrática, con oscuros antecedentes, es una imperdonable temeridad. Un riesgo que deja mal parado a Santos. Que lo puede deducir por la escandalosa especulación que el personaje hizo con la entrevista. Sin importarle el mal que ocasionó a la relación de los dos gobiernos ni a la imagen de su país. Porque si con Barco fue una corbeta, con Capriles se trata de un aventurero, lejano a toda noción de patria. Ojalá que lo sucedido sirva para que los dirigentes colombianos tomen conciencia que a Venezuela hay que darle otro trato y que, de persistir en esa actitud arrogante, deben disponerse a correr con las consecuencias.

LABERINTO

El plan sobre seguridad y lucha contra el delito arroja importantes resultados. Por fin se le ve el queso a la tostada. Pero no tardará la oposición en arremeter contra el ministro Miguel Rodríguez Torres, que está trabajando con eficiencia. Ojalá fluya información diaria de los logros, es decir, que surja la contraparte de los mensajes necrofílicos de medios y sectores opositores…

Por cierto, éstos no están satisfechos con el resultado de las giras de sus voceros en el exterior. Han encontrado indiferencia, tibia reacción de aliados de derecha y críticas de sectores democráticos…

A propósito de la respuesta de la canciller colombiana Holguín restándole importancia a la entrevista Santos-Capriles, porque en el gobierno de Chávez hubo relaciones con las Farc, conviene recordarle que esa relación se estableció durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez y se mantuvo como política de Estado en sucesivas administraciones. Pompeyo Márquez la manejó en el gobierno de Caldera, y cuando fui canciller de Chávez me encontré con un delegado de la Farc, Andrés París (comandante Ariel), instalado en la Casa Amarilla…

Hay 385.853 títulos de propiedad de familias beneficiadas por el plan de vivienda del Estado, pendientes de formalizar. ¿Qué impide resolver el problema? Si hay obstáculos legales, urge allanarlos y hacer las reformas necesarias en la legislación…

Cambios en España: una encuesta revela que 70% de la población rechaza la religión como asignatura. La reacción de la cúpula de la Iglesia no se ha hecho esperar. Cree vivir en tiempos del “Caudillo por la Gracia de Dios”: Franco…

Cuando se analice el impasse Santos-Maduro por la entrevista con Capriles, se conocerá que éste llamó a Maduro y lo consultó. Maduro le advirtió que era inconveniente. Pero a Santos le resbaló…

Ante situaciones que tensan las relaciones con Colombia -nunca se dan por culpa de Venezuela-, conviene recordar a dos patriotas venezolanos que dejaron un legado de alerta: Pedro José Lara Peña, quien le dio basamento jurídico a las reivindicaciones territoriales nacionales; y Andrés Eloy Blanco, que en el Congreso dejó esta frase para la posteridad: ”En un siglo, Venezuela ha perdido la quinta parte de su territorio -lo dijo refiriéndose al vecino del costado oeste- sin disparar un tiro”…

¿Colombia en la Otan? Un paso que desestabiliza la región. Para Venezuela es una grave advertencia que obligaría a redefinir la relación con el vecino país. Igual a otros. Después, ante la reacción adversa, parece que Santos arrugó.

 

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