Opinión

Autor: José Vicente Rangel

09:53 am
04
May
2015

1.- El pueblo venezolano cree, firmemente, que la única salida del país es cívica, democrática y en el marco de la Constitución Bolivariana. Que no hay otra. Que un golpe sembraría el caos. Que una insurrección popular, hoy carente de asidero –monitoreada desde el exterior–, metería a Venezuela por la senda sin retorno de la violencia. ¿Qué se plantea entonces? Lo que está en el sentir de la ciudadanía es la opción electoral. La cual excluye cualquier otra. En el voto esta la clave para estabilizar las instituciones, impulsar el diálogo que cierre heridas. Se necesita ser un irresponsable para no darse cuenta que en la Venezuela de hoy, que alcanzó un elevado sentido del civismo, a través de un dilatado ejercicio del sufragio, se pueda pensar en oscuras aventuras. ¿Acaso no es suficiente la deplorable experiencia de 11-A en la que participaron poderes fácticos con apoyo foráneo? ¿No basta con el paro petrolero, planificado por los mismos factores e intereses que actuaron en la desastrosa intentona de Carmona? ¿Acaso no fracasaron las posteriores acciones terroristas? ¿La guarimba de 2014 –sus patéticos resultados–, no es una lección de lo que ya no se puede hacer impunemente en este país?

2.- Todas esas aventuras contra el orden democrático fracasaron porque hay un pueblo que maduró en el ejercicio del sufragio, en el respeto a la Constitución, y porque ahora existe la Fuerza Armada Nacional Bolivariana donde impera la lealtad a las instituciones. Por eso el venezolano apuesta a la única vía que permite afrontar situaciones críticas, resolver conflictos pacíficamente, mantener la unidad nacional y desarrollar al país. Esa vía no es otra que el voto ejercido sin apremio, libremente, con la garantía que ofrece un sistema blindado contra fraudes y cualquier otra perversión. Por eso escribo –cuando el país marcha otra vez hacia la meta comicial– que la clave para salir airosos es el voto. Para alcanzar este logro hay que cultivar en la gente la confianza en los resultados. Tomar conciencia de que éstos no son susceptibles de alteración. Que hay que acatar lo que emane de las urnas, procesado por el Consejo Nacional Electoral. Esto implica no sembrar dudas sobre la máxima autoridad electoral. O no descalificar al Instituto Nacional de Estadística (INE), atribuyéndole la manipulación del índice de estimación poblacional. No insistir en denuncias temerarias de fraude, formuladas a priori, sin prueba alguna, en las que sistemáticamente incurre la oposición.

3.- Hay que enseriar la política. No degradarla. Al contrario, hay que dignificarla. En materia de sufragio hay que estar a la altura del pueblo que respeta el voto. Que cree en la opción electoral. Pretender convertir el sufragio, y las citas comiciales, como hasta ahora ha sucedido, en una trampa; en el recurso que abre las puertas a la subversión –jugando con el sentimiento de los ciudadanos–, está visto que revierte en contra de los patrocinan aventuras y afecta al país por la angustia que causa. La clave, por consiguiente, son las elecciones. La clave está en el voto. La clave es el respeto a los resultados, cualesquiera que sean. Razón por la que se impone suscribir, entre los competidores, un compromiso para acatar la voluntad popular expresada en comicios, procesada por el CNE.

Hueso duro

“En el equipo que maneja el dossier de Venezuela en Washington pocos imaginaron que Nicolás Maduro llegaría a dos años en el gobierno”. La cita la tomo de la columna de Leopoldo Puchi del 23/04/15 en este diario. Comparto la opinión del colega. A diario observo a Maduro, más allá de afectos y participación en políticas comunes. Recuerdo marchas en tiempo de candidaturas presidenciales sin futuro electoral, donde lo que contaba era la esperanza de romper el cerco del bipartidismo. Anduvimos en recorridos extenuantes por El Valle y otros sitios, subiendo cerros, saltando quebradas. Era un zagaletón espigado que agitaba consignas. De eso hace cerca de 4 décadas. Con la Liga Socialista –y otros movimientos– compartimos la tarea de enfrentar la hegemonía adeco-copeyana, y Maduro, entonces un imberbe, la asumió. Era un cuadro en formación. En la calle. En zonas marginales. Compartiendo con trabajadores. Con los humildes. La escuela de Maduro fue un combate cotidiano. Su aprendizaje procede de la realidad, que no abrazó para oponerla al aula, sino para acrisolar la voluntad de tomar de la vida la enseñanza que permite un conocimiento adaptado a las circunstancias. En tiempo de excepcionales batallas Maduro entró a la política, aprendiendo sobre la marcha. Su encuentro con Chávez fue el hallazgo del camino, como sucedió con otros. No trepó, se aferró a una vivencia existencial. Al compromiso con el cambio social. Así llegó al Congreso, no para vegetar sino para luchar. Fue su presidente, y luego pasó al equipo de gobierno de Chávez. Más de seis años de Canciller le permitió acceder a un escenario de fino hilar político. Chávez apreció sus facultades con el instinto que lo caracterizó. Ahora le ha tocado una compleja tarea: administrar el legado del líder fundador y encarar la tormenta derivada del desprecio de la clase política que siempre subestima a los que vienen de abajo. Le daban semanas en Miraflores y acaba de cumplir dos años. Es insumergible. Lo cual no me sorprende, porque sé que es un hueso duro de roer. Otros, por superficiales y clasistas, se equivocaron con él. Lo subestimaron. Igual pasó con Chávez. ¡Increíble!

Laberinto

Una de estas noches me divertí observando un programa de la televisión española. En un segmento, un grupo de analistas abordó con vehemencia el tema de la corrupción en España. La andanada crítica recayó en dirigentes del PP, gobierno, el PSOE, oposición, y otros tantos, así como banqueros, expresidentes, parlamentarios. En fin, nadie se salvó de las acusaciones expuestas con datos evidentemente contundentes. Pero luego, en un segundo segmento, el mismo panel trató el tema de las relaciones de España y Venezuela. Por supuesto, de forma sesgada, presentando a la parte española como inocente, a la venezolana como provocadora, y señalando que Maduro había insultado a dirigentes y personalidades al tildarlos de corruptos. Insólito, porque lo que afirmó el presidente venezolano confirmaba las acusaciones que ellos hacían a sus compatriotas. Pero así pasa hoy con todo cuanto se refiere a Venezuela con la campaña mercenaria contra el país…

Michele Leonhart, Directora de la DEA, el organismo antidrogas de EE.UU. utilizado políticamente para certificar y descertificar naciones, acaba de ser destituida del cargo por el escándalo de las orgías sexuales protagonizadas en lujosos apartamentos por sus miembros en Cartagena –al igual que en otros lugares–, pagadas por los propios carteles de la droga. El diario argentino Página 12 tituló la información así: “La DEA se fue de putas”…

A Falta de actividad de calle, de manifestaciones, de anuncios político, de organización y liderazgo que caracteriza a la oposición –a las puertas de un proceso electoral–, mientras el chavismo se mueve por todas partes y difunde políticas con una poderosa organización, a la MUD lo que se le ocurre es apelar a encuestas chimbas, a costosas falsificaciones de estudios de opinión. No les compro la ganancia. Con “encuestazos” no se gana elecciones. Está comprobado…

Obama Llama criminales a los afrodescendientes que protestan contra la impunidad de la policía que asesina negros a diario. Un lenguaje de desprecio a los de su propia raza.

 

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