Opinión

Autor: Maryclen Stelling

11:01 am
23
Nov
2015

El triunfalismo se define como “actitud real o supuesta, de seguridad en sí mismo y superioridad respecto a los demás, fundada en sobrestimación de la propia valía o de los propios hechos” (Drae). Aun cuando una reciente encuesta de Datanálisis arroja que la oposición tiene una ventaja de 35% sobre el oficialismo, diversos analistas y políticos de esa tolda alertan sobre los peligros del optimismo exagerado y la trampa del triunfalismo.

. Si las elecciones fueran mañana, la oposición obtendría 30 diputados más; si esta fuese una campaña presidencial, 75% sería para la oposición; la oposición tiene el respaldo y el oficialismo la maquinaria; la oposición cuenta con una ventaja apreciable en la intención de voto nacional, así como en algunos circuitos en los que jamás ha ganado; para el gobierno el panorama luce desalentador; el gran líder del oficialismo está ausente y la imagen de su sucesor se encuentra en crisis; los problemas económicos que hacen dudar al elector oficialista, parecieran agravarse de manera sostenida.

Schemel (Hinterlaces) irrumpe contra la embriaguez triunfalista al afirmar que la brecha existente entre la oposición y el chavismo se ha ido cerrando en las últimas dos semanas. Seijas (Delphos) pone un hilo a tierra al optimismo sobredimensionado, cuando señala que “La oposición tiene que ganarle a la narrativa de Chávez”.

La chavista, una “narrativa revolucionaria” de ruptura, antagonismo y cambio, dotada de un gran poder de persuasión y capacidad movilizadora. De carácter polarizador y confrontador, se sustenta en la construcción de un “nosotros” y un “ellos”. Ese otro, un obstáculo apátrida identificado con burguesía, oligarquía, corrupción, capitalismo, imperialismo… Así, el 6-D viene a ser parte de la eterna lucha entre el bien y el mal, una victoria épica sobre los adversarios conducida por el líder eterno Chávez y bajo la gestión de Nicolás Maduro.

El reto para la oposición sería deslastrase del triunfalismo y desarrollar un discurso político que sustente una narrativa antichavista. Una narrativa que curiosamente, por su carácter “anti”, no propone y persuade simplemente oponiéndose.

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