Opinión

Autor: Maryclen Stelling

02:36 pm
06
Jul
2015

Entendemos la comunicación como información e igualmente como diálogo que favorece la construcción y el fortalecimiento de las sociedades democráticas. En teoría, la comunicación en tanto relación bidireccional debería posibilitar un pleno ejercicio de los derechos de participación política para el beneficio de la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, estamos sometidos a un bombardeo noticioso profundamente bélico que dibuja una sociedad a merced del terror, negada al diálogo o la reconciliación. Guerra, triunfo y victoria; batalla en la calle, las urnas y en la Asamblea; ataques, defensa y derrota; ensañamiento, víctimas y agresiones al pueblo; acoso, ultraje y humillación; rechazos y condena; destrucción, riesgo y costo; radicalización de la protesta, hora cero y paro nacional; justificar y legitimar hechos de violencia y delitos.

Veintiún escoltas asesinados en lo que va de año probablemente por motivaciones políticas, paramilitarismo o robo de armas.

La oposición generará violencia ante demostración del pueblo en el Psuv. El Presidente de Guyana tilda nuestra política externa de “diplomacia de las cañoneras”. Llegó el virus zika.

En la antesala de las parlamentarias, convive el belicismo noticioso con llamados al diálogo político y mantenimiento de una resolución pacífica de las disputas y la integridad del proceso democrático. El presidente de Fedeindustria considera que Nicolás Maduro debe conversar con todos los sectores y reestablecer un diálogo con los sectores productivos del país. Se denuncia ante la OEA que la inhabilitación a políticos opositores es “una política de Estado” de cara a las elecciones parlamentarias previstas para finales de este año. Víctimas de las guarimbas piden en el Europarlamento que no utilicen el tema de los derechos humanos “para justificar y legitimar actos que constituyen verdaderos hechos de violencia y delitos”.

¿Está inerme la ciudadanía frente a tal “bombardeo noticioso”? Obsesionados y seducidos por el poder mediático, el lenguaje bélico está dentro de nosotros y nos aproximamos a la realidad desde la confrontación y el poder del miedo.

Si somos parte de un sistema de representación, ¿cómo podemos romper con el poder del lenguaje bélico? ¿Nos hemos convertido en cómplices y víctimas de tal lenguaje?

 

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