Opinión

Autor: Earle Herrera

10:57 am
11
Sep
2015

Entre Guyana al este y Colombia al oeste, la derecha busca en vano su norte perdido. Sin rosa de los vientos ni un capitán avezado, la nave opositora ha zozobrado en 18 elecciones. El año pasado alquiló una lancha -sin necesidad de empeñar las joyas de Isabel La Católica- y cual un insomne Rodrigo de Triana, lanzó unos alaridos desde un caño cercano al Esequibo. Hubo un alboroto de guacamayas mediáticas y después la selva impuso su silencio de siglos.

La MUD es una organización limítrofe y su brazo extremo, La Salida, es lo que la siquiatría moderna denomina borderline, o sea, en la frontera, en el límite de lo que usted quiera pensar. De su manía con la frontera esequiba, esa oposición pasó sin parpadear al puente internacional Simón Bolívar que une (no separa) a San Antonio y Cúcuta. Cuando sus “líderes” alquilaron la canoa de guerra para asustar a Guyana, pensaron que cobrarían política y electoralmente. La firme respuesta de estadista del presidente Nicolás Maduro y el apoyo del pueblo venezolano a su gobierno, la dejó como novia de pueblo, con el perdón de las novias y los pueblos.

Derrotados en el este, los oportunistas opositores se vinieron al oeste, con su brújula divagando hacia el norte de Santander. “No pegan una”, diría Américo Vespucio, para dejar tranquilo a Cristóbal Colón, a quien Cabrujas bautizó como el “alucinado genovés”. Tuvieron el apoyo del cartel de los medios internacionales, de los paracos de la fe que a la “Misión Hijos de Venezuela” la tildaron de “Misión Piernas Abiertas”, del imperio yanqui que expulsa a niños mexicanos y de la Unión Europea que deja ahogar a los niños sirios.

En la OEA se desenmascaró el último falso positivo. Al embajador cachaco no le funcionó mezclar el lenguaje del Derecho Constitucional con el del Derecho de Nacer, es decir, lo grandilocuente con lo melodramático. Nadie soltó una lágrima por su culebrón y la suya fue de utilería. Los 5 millones 600 mil colombianos que viven en Venezuela descuadernaron su libreto. La oposición venezolana, al colocarse del lado neogranadino, se cogió para sí una derrota que no era suya.

 

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