Opinión

Autor: Luisa Estela Morales

10:58 am
12
Jul
2016

En los años 80 los acuerdos con el FMI y las cartas de intención afectaron a los productores agrarios cuando se liberaron los intereses de los créditos

Un hecho económico, el acuerdo de comercio de la metrópoli española con la Compañía Guipuzcoana, generó descontento de las clases dominantes hacia las políticas peninsulares e influyó en la decisión política de la independencia.

El capitalismo como sistema genera formas organizadas de defensa de sus postulados basados en el individuo y sus beneficios excluyentes y se opone en el campo económico con las armas de otrora, de allí el denominado bachaqueo, que consiste en sacar de la banda de oferta y demanda los productos de primera necesidad. Lo peculiar hoy es que no es la clase dominante, es el pueblo permeado por el individualismo capitalista. El protagonista del bachaqueo es una minoritaria clase demostrando que ningún sistema político es cerrado ni exclusivo de un grupo de población, que el hecho económico no es determinante pero sí importante.

En los años 80 los acuerdos con el FMI y las cartas de intención afectaron a los productores agrarios cuando se liberaron los intereses de los créditos y a los campesinos con la determinación de los rubros cultivables para la alimentación animal y la agroindustria, desapareciendo de las intenciones de los créditos públicos los rubros alimentarios vinculados a la dieta venezolana.

La reacción fue eminentemente popular, el Caracazo y la mayoritaria voluntad de un cambio. Los métodos actuales tienen una abierta identificación capitalista a pesar de sus protagonistas, la venta de productos al mayor, la variabilidad de precios excluye a quienes no poseen grandes ingresos. El modo de producción agrario está en dificultades. El Estado es quien provee los insumos agrarios y regula la posesión de la tierra; no obstante, el capitalismo gobierna el precio de los alimentos, el comercio y la distribución.

Por optimismo la circunstancia actual la catalogo como coyuntural; los sistemas políticos no son cerrados y pueden generar contradicciones; como el hecho social no es estático, el cambio de la estructura agraria no se circunscribe a la propiedad de la tierra; comprende desde la estructura primaria de producción hasta la transformación y distribución de alimentos dentro de un sistema coherente que estime la justicia social, el bienestar colectivo y la preeminencia de los derechos humanos como prioridad.

Hispantv

 

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