Opinión

Autor: Beltrán Haddad

12:49 pm
31
Ago
2015

Para que tengan una idea de cómo es la cosa, el estado de excepción es una situación singular, fuera de lo común, que se ubica en el centro de la tensión entre el normal funcionamiento de las instituciones y la violencia, pero dentro de una dinámica de lo excepcional que se convierte en medida extraordinaria contra situaciones en la que un orden social, económico y político se ve amenazado por una violencia social, económica y política incontrolable. Es el caso de la frontera con Colombia en su punto álgido de San Antonio y Cúcuta, un problema complejo y de extrema conflictividad porque en esa zona son recurrentes las circunstancias delictivas y violentas vinculadas al poder de las mafias, paramilitarismo, narcotráfico y contrabando de extracción en diversas escalas. Eso explica la decisión del Gobierno venezolano de decretar la excepción en la frontera. Es quizá la mejor decisión que se haya dictado en Venezuela dentro de esa lógica de lo excepcional.

Nunca he sido partidario de los estados de excepción, sobre todo en el orden político, pero en situaciones de crimen organizado, paramilitarismo, tráfico de drogas, sicariato, secuestros, trata de personas, contrabando de extracción en perjuicio del pueblo y de su economía en general, ha sido oportuna y necesaria esa excepción para repeler la agresión contra la economía del país y la seguridad y la vida de sus habitantes. Atrás quedaron otras épocas en que la excepción no era otra cosa que “estado de sitio”, suspensión de garantías constitucionales y violación de derechos humanos. Venezuela, antes de la llegada del presidente Chávez, vivió sin garantías constitucionales y nos impusieron la dinámica de la emergencia durante más de 40 años.

No se me olvidará nunca que en 1962 el gobierno de Betancourt podía mandar a prisión a cualquier ciudadano, sin el debido proceso y solo el riesgo de la muerte o la desaparición. Por ejemplo, una garantía de la libertad individual como el habeas corpus era pateada por un presidente “democrático”.

Ahora, sorprende que existan personas opositoras que expresan su “opuesto” en la forma del descaro ante la decisión del presidente Maduro, sin darse cuenta de que favorecen al crimen organizado que aterroriza la frontera. Eso se siente cuando hablan o cuando escriben porque van y vienen sin medir el daño que le hacen al país.

 

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