Opinión

04
Jun
2010

En el país se está produciendo una inevitable confrontación de clases. ¿Será esto un capricho confrontacional de los revolucionarios, comandados por el comandante Hugo Chávez, contra los que “pacíficamente” defienden al sistema económico-social capitalista?

Los actos humanos en sociedad, enfrentados con intereses económicos contrarios, en períodos de convulsiones y transformaciones revolucionarias, con cruda contundencia develan el alto contraste social entre oligarcas y trabajadores: explotadores y explotados.

No se trata de buscar opciones por una “tercera vía”, o “… a Dios por los rincones”. Se trata de escoger un rumbo de desarrollo justo y posible. Se trata de lograr una sociedad en la cual podamos vivir todos juntos en comunidad, y no de apuntalar y restaurar el orden legal burgués que fenece.

Estamos ante una confrontación entre la legalidad oligárquica, la de la explotación y expoliación de los bienes nacionales y las personas, y la nueva legalidad popular en construcción, la del socialismo bolivariano. Veamos.

Cuando las “hordas rojas de bidentes” (sí, con “b” alta y no con “v”, como nos llama la derecha fascista a las mayorías chavistas porque, por nuestra pobreza, dicen que sólo tenemos dos dientes), con el Gobierno se opusieron a las “cuota balón” o a los “créditos indexados” -que arruinaba a los deudores hipotecarios y a los que adquirían un carro-, lo hicimos para enfrentar la injusticia especuladora de los capitalistas que embargaba de por vida a los deudores, negándoles el derecho a ser propietarios de sus viviendas o carros adquiridos dignamente con sus ahorros; cuando estamos enfrentando la especulación, el acaparamiento y la manipulación cambiaria, según ellos, estamos impidiendo la iniciativa privada generadora de empleo (la de Globoterror, que como Zuloaga dice: “… especulamos, pero damos empleo”); cuando certificamos la riqueza petrolera de la Faja del Orinoco como reservas energéticas petroleras, y no como bitumen (orimulsión), es porque queremos, inexplicablemente, ahuyentar las “desinteresadas inversiones extranjeras”, y no para reafirmar la soberanía nacional.

La PATRIA se confronta hoy entre la partera Revolución o el aborto Restaurador.

La “tercera vía” es trocha para el camino de la restauración contrarrevolucionaria.

 

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