Opinión

Autor: Beltrán Haddad

10:29 am
17
Ago
2015

En América latina se quiere desatar completo el demonio de la desestabilización para poner en peligro no solo a los gobiernos progresistas o de izquierda que le han cambiado el rostro en desarrollo social a la región, sino que busca neutralizar el “movimiento de los movimientos”, esa corriente humana impetuosa que transformó en discusión temas fundamentales de la democracia para crear una nueva figura del poder donde la sociedad quiere representarse a sí misma. Es la nueva figura que la democracia asume con los movimientos sociales y su gran foro.

Los cambios que vive América Latina están amenazados por una estrategia perversa de la derecha para derrocar gobiernos, sin tener que recurrir al golpe militar. Lo ha vivido Venezuela, inmisericorde, en los últimos tiempos, sin una pizca de descanso. Hoy con fuerza en la escasez de alimentos, en el acaparamiento, en la especulación y en ese fenómeno denominado “bachaqueo”, que no es, como se ha dicho, una triste realidad del pobre ante la sociedad de consumo, sino que ahora está convertido en instrumento de todo un plan concebido para la desobediencia y el acaparamiento. Es el “golpe suave”. El mismo que aparece en Ecuador y mira hacia Argentina, Brasil y Bolivia tratando de sitiar a toda la región. Es la estrategia ideada por Gene Sharp, un profesor ultraderechista de la Universidad de Massachusetts, quien dijo: “Si el ciudadano no obedece, los líderes pierden poder”.

Las armas del “golpe suave” son muchas, pero las psicológicas y económicas son determinantes para debilitar a un gobierno hasta acabarlo. Se comienza por un clima de malestar utilizando la denuncia y el rumor. Luego vienen las manifestaciones callejeras, pero la guerra psicológica no descansa, en tanto la defensa de los derechos humanos y el tema de la inseguridad siguen siendo el plato fuerte en el papel que le corresponde a los medios comprometidos. Así es la dinámica del golpe, bajo la mentira, como en aquel mensaje de Hearst en 1898 a su reportero en Cuba: “Quédese ahí. Suminístrenos los dibujos, yo le suministro la guerra.” A ese clima de crisis total, de país quebrado, se le agrega, entonces, una fuerte dosis de descrédito internacional. Eso es el “golpe suave”, exitoso en Ucrania, hoy en devastación por culpa de la derecha internacional.

 

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