Opinión

Autor: Luisa Ortega Díaz

08:56 am
10
Feb
2015

Las luchas sociales que persiguen auténticas reivindicaciones de sectores populares se diferencian ampliamente de las acciones callejeras cuyo único propósito es crear ingobernabilidad y, por ende, inestabilidad política. Las guarimbas, protagonizadas por ciertos factores políticos, se inscriben en conductas violentas que, al margen de las aspiraciones populares, solo persiguen el poder político.

Sus promotores, ante el escaso apoyo popular, trancan calles, toman plazas y levantan barricadas, a fin de generar violencia contra los ciudadanos. En consecuencia, impiden el libre tránsito, obstaculizan el desempeño laboral y el funcionamiento de la salud, la educación, del comercio e incluso la recreación.

En 2014, las guarimbas dejaron 43 personas fallecidas y 878 lesionadas. Ese balance es una muestra de la alteración de la paz social. El Estado, con absoluto respeto del derecho al debido proceso, adelantó las investigaciones para establecer las responsabilidades ante esos graves delitos.

Pero factores políticos internacionales, aliados con grupos internos, irresponsablemente han tratado de crear una distorsionada matriz de opinión sobre tales eventos, según la cual la referida cifra de fallecidos y lesionados, es producto de una política de Estado para violar los derechos humanos.

Bajo ese amañado argumento, Estados Unidos, violando la soberanía política y jurisdiccional de Venezuela, dictó una ley que autoriza al gobierno de esa nación a sancionar a funcionarios venezolanos por la presunta violación de derechos humanos.

Ante tal arremetida, debemos invocar a la conciencia de los sectores democráticos del continente para impedir que quienes históricamente han violado los derechos humanos de numerosos pueblos, mediante la comisión de crímenes de guerra y de lesa humanidad, hoy pretendan acusar de tales conductas a aquellos que acompañan a sus pueblos en la conquista de los derechos humanos, como la alimentación, la salud, la vivienda y las libertades políticas.

Segura estoy de que el alto nivel de conciencia en la patria grande no permitirá que este cuestionable proyecto de dominación, que se busca instaurar mediante una guerra psicológica, haga ver como “protectores” a los siempre violadores de los derechos humanos, mientras que los que han estado del lado de la vida y de la defensa de las garantías se les desdibuje. Lucharemos para que la verdad histórica, política y jurídica sea inalterable.

 

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