Opinión

Autor: Asalia Venegas

02:59 pm
23
Abr
2015

No hay una oposición más obtusa que la que tenemos en Venezuela. Es como aquel animal que se da golpes en la cabeza sin escarmentar. Ha recurrido a todas las tramposerías que podamos imaginar, no solo hacia sus contrincantes naturales, sino entre los propios integrantes de lo que se llamó la mesa de la unidad. Ya nadie queda en pie, reputaciones, representaciones, credenciales honorificas. Hay llanto y lamentos permanentes.

Se les agotó el tiempo en nuestra tierra y entonces salen a otros países sin ninguna vergüenza a pedir abiertamente a parlamentos y gobiernos de Europa y Estados Unidos que intervengan al país, a denunciar violación de derechos humanos, encarcelamientos masivos -según dicen- de opositores y “crueldades” de los organismos de seguridad contra algunos detenidos, todo con pruebas falaces y fácilmente desmontables.

Han utilizado sitios en Internet, las redes sociales y programas de opinión en Madrid, Miami, Perú, Panamá, para difundir tal cantidad de informaciones falsas y distorsionadas, sin éxito alguno. Las mentiras se caen por sí solas. Han montado ollas de todo tipo, y para esto recurren a figuras de la farándula de aquí y de otras partes que, con saña, se prestan para esas patrañas. De paso, estos artistas no ven ni oyen lo que pasa -en sus narices- en sus naciones de origen.

Desde los tiempos de la Coordinadora Democrática, pasando por todos los paros y sabotajes, guarimbas, quemas de preescolares y universidades, destrucción de transporte público, generación de caos en centros urbanos; propiciando la destrucción y la muerte de venezolanos inocentes. Luego de ese periplo, la oposición ha recalado en la Mesa de la Unidad Democrática, que de unidad ya no tiene nada y de democrática menos.

Del seno de la MUD han surgido por lo menos seis microagrupaciones. No se complementan, se antagonizan. Esto ha recrudecido, a propósito de las parlamentarias 2015, por el ofrecimiento incumplido de escoger los candidatos vía primarias. Han subido al ring ofreciéndose de todo, desde Andrés Velásquez, Henri Falcón, Gómez Sigala, Alfredo Ramos, los voceros de VP y de PJ. Cada sector asegura tener la verdad. Se han convertido en guiñapos de la política. Sin consistencia ideológica ni referentes de liderazgo. Están muy mal.

 

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