Opinión

Autor: David Brooks

05:54 pm
16
May
2012

Aquí en este país, mucho se define en términos bélicos. Hay una guerra contra las drogas, otra contra el terrorismo. La derecha dice que hay una guerra contra los valores familiares, contra el matrimonio, contra la Navidad (en serio). Los progresistas dicen que hay guerra contra los inmigrantes, guerra contra los jóvenes, guerra contra los gays, contra las mujeres. A veces parece que todo es una guerra.

Todos los días uno escucha o lee el mensaje oficial que nació a raíz del 11 de septiembre: se ves algo, di algo, o sea, todo lo extraño es sospechoso. No hay semana en la que no se informe de un complot terrorista que fue descubierto. Los noticieros repiten que todo es una amenaza, la nota roja se mancha con la nota de guerra (¿o es lo mismo?). Si eso no es suficiente, todos los días se transmiten mensajes al foro público sobre cómo las drogas, los inmigrantes, los gays, y hasta comunistas, socialistas y anarquistas, entre otros, amenazan al país.

Mientras tanto, el gobierno de Barack Obama promueve la exportación de armas en apoyo de la industria armamentista, reportó el Wall Street Journal: en 2011 las ventas de armas estadunidenses al extranjero superaron los 34 mil millones de dólares. Dentro de Estados Unidos más de 200 millones de armas de fuego están en manos privadas, suficiente para armar a cada adulto en este país.

Por otro lado, el columnista Nicholas Kristof, del New York Times, reveló algunas de las consecuencias de las guerras: por cada soldado estadunidense muerto en los campos de batalla este año, unos 25 veteranos militares se han suicidado. Agregó que, en promedio, un soldado estadunidense muere cada día y medio en Irak o Afganistán, mientras la tasa promedio de suicidios de los veteranos es de uno cada 80 minutos; más de 6 mil 500 suicidios de veteranos se registran cada año.

Entre tanta guerra, armas, sangre y sus consecuencias, este domingo se celebró aquí el Día de las Madres (como se hizo en México el 10 de mayo), uno de los grandes festejos comerciales impulsados por la industria de las tarjetas, las flores, los restaurantes y toda la gama de promoción del consumo. Pero resulta que el Día de las Madres fue inventado por una madre para poner fin a las guerras.

El Día de las Madres empezó en Estados Unidos en 1870, cuando Julia Ward Howe escribió algo llamado la Proclama del Día de las Madres, en el contexto de la Guerra Civil en este país, como la guerra franco-prusiana en Europa. Convocó a las mujeres en su papel de madres a unirse en demanda del fin de todas las guerras.

Howe escribió: “Levántense, entonces, las mujeres de este día. Levántense, todas las mujeres con corazón… Digan firmemente: ‘no aceptaremos que las grandes cuestiones sean decididas por agencias irrelevantes. Nuestros maridos no llegarán a nosotras apestando a carnicería, buscando caricias y aplausos. Nuestros hijos no nos serán arrebatados para desaprenderlos de todo lo que hemos logrado enseñarles sobre la caridad, la merced y la paciencia. Nosotras, las mujeres de un país, seremos demasiado tiernas con las de otro país como para permitir que nuestros hijos sean entrenados para herir a los de ellas”.

La proclama continúa: “Desde el seno de una tierra devastada una voz surge con la nuestra. Dice: ‘¡desarma! ¡desarma! La espada del asesinato no es la balanza de la justicia’. La sangre no anula el deshonor ni la violencia indica posesión. Igual que los hombres frecuentemente han abandonado el arado y el yunque ante el llamado a la guerra, ahora que las mujeres dejen todo lo que se puede dejar del hogar para un gran día dedicado a consulta. Que primero se reúnan, como mujeres, para llorar y conmemorar a los muertos. Dejen que solemnemente tomen consejo entre ellas sobre los medios por los cuales la gran familia humana puede vivir en paz”.

Según la activista feminista Laura Kacere en el sitio Código Rosa, el Día de las Madres se volvió más popular cuando años después un grupo de mujeres de Virginia del Oeste, encabezado por Anna Reeves Jarvis, lo usó para promover la reunificación de familias después de la guerra civil. La hija de Jarvis, tras la muerte de su madre, lanzó una campaña para crear un día oficial de las madres por la paz. Informa que fue apenas en 1914 que el presidente Woodrow Wilson lo promulgó como día oficial nacional.

La comercialización del día fue casi inmediata, encabezada por la industria de las flores. Jarvis se opuso a toda comercialización del día, fue arrestada por protestar contra la venta de flores y promovió peticiones para detener que se creara una estampilla de correos del Día de las Madres.

La profesora Valerie Ziegler, de la Universidad Depauw, autora de una biografía de Howe, comentó, en entrevista con Amy Goodman, del programa de noticias Democracy Now, que Howe consideraba que las mujeres que eran madres no podían aceptar que sus hijos fueran a las guerras y que la única esperanza para la civilización era que las mujeres hablaran con una voz diferente. Con ello, Howe organizó conferencias de paz en Estados Unidos y Gran Bretaña, y en 1872 proclamó que cada 2 de junio debería ser marcado como Día de las Madres por la Paz. Así, originalmente, el día era para que se reunieran las mujeres para llamar a que los hombres y el mundo vieran la necesidad de vivir en paz. Ziegler informó que para 1873 por lo menos 18 ciudades en Estados Unidos, como también Roma y Constantinopla, festejaban el día así.

Ziegler informó que Jarvis conocía el trabajo de Howe, y ella continuó promoviendo el día hasta que en 1912 el Congreso reconoció el Día de las Madres.

O sea, en su origen es un grito de madres que están hasta la madre de las guerras y la violencia.

Autor: David Brooks
Fuente: La Jornada
 

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