Opinión

05
Ene
2016

Acción Democrática fue la campeona de la contrarrevolución cerrando la década del 60. Luego de una “transición copeyana” (Caldera I) y estando el país “pacificado” dada la desmovilización (y posterior división del Partido Comunista de Venezuela) fue Carlos Andrés Pérez el que se encargó de acoplar las nuevas condiciones (el país que ingresó a “la democracia”) en relación a las pautas que exigía el capital, en particular el cartel petrolero norteamericano.

CAP, el ministro de relaciones interiores de Betancourt fue el jefe de la contrarrevolución, y esto lo catapultó para ser la figura encargada de darle fachada al proceso de “nacionalización” de los recursos estratégicos de la nación (petróleo y las industrias básicas). Con los adecos, Estados Unidos ya no tenía la necesidad de una dictadura militar que custodiara sus intereses: ya tenía sus mediadores naturales.

Desde 1974 tal reacomodo del capital empezó a tomar otro matiz para pasar de la Standard Oil a empresas mixtas, por poner un ejemplo, que derivaran en renta embolsilladas hacia cuentas en el extranjero, como siempre, pero encontrando una estructura política que se beneficiara y se amparara sobre el proceso. Pedro Tinoco (cuyo escritorio jurídico representaba a la Standard Oil), parte de los llamados “12 Apóstoles” que se encargaron de moldear ese nuevo Estado de empresas mixtas, fue el ejemplo sintético de ese proceso.

Y Ramos Allup, que en esos momentos arrancó su carrera, es el ejemplo del “animal político” que se encargó de ejecutar la fachada política que legitimó a partir de entonces ese modo de acumulación de poder y renta. El Estado no era más que una caja chica del capital privado y un proveedor de créditos blandos para los sectores empresariales que congraciaban con el gobierno, sea con AD, sea con Copei, o fuera con ambos según la ocasión.

De ascendencia libanesa, nacido en Valencia en la década de 1940 y abogado de profesión, Henry Ramos Allup fue y sigue siendo un defensor a ultranza de la Constitución de 1961. Adeco desde la juventud, fue ordenado a hacer carrera desde el Congreso bicameral cuartorrepublicano, del que fue elegido diputado cuatro veces.

Asumió la jefatura de la facción adeca en múltiples oportunidades (las últimas en 1994 y 2000), e incluso presidió la Comisión de Obras Públicas y de Servicios de la instancia legislativa.

Lazos y corazones millonarios

En ese contexto comenzó a tener una preponderancia para cierto lobby: el de la construcción, muchos de los que se reunieron y departieron con Ramos Allup para confirmar la entrega de licitaciones. Un amigo cercano del “doctor” Tinoco, Franco D’Agostino, quien en 1971 fundó C.A. Dayco Construcciones, se encargó de que el negocio con el Estado venezolano mantuviera a su compañía en las listas de alta participación. Ramos Allup contrajo matrimonio con Diana D’Agostino, hija de Franco D’Agostino, en 1985.

Su esposa, quien también es abogada y militante del partido socialdemócrata, trabajó en el escritorio del mismísimo Tinoco, y por retruque, en el extinto Banco Latino. La consultoría jurídica de la empresa fundada por su padre, hoy nombrada Grupo ICON, está a su cargo, por lo que la construcción sigue siendo motivo de acumulación capitalista para la unión Ramos-D’Agostino.

Pero esta no es la única atribución de sangre que tiene Ramos Allup con relación a poderes fácticos y financieros. El ex periodista de Rctv Noé Pernía, en un informe para el Congreso Invecom, denunció al dirigente adeco de sabotear los trabajos de construcción de la carretera Caracas-La Guaira en 1997, debido a que la licitación no se dirigió en beneficio de la familia D’Agostino. Eladio Lárez, presidente de Rctv y esposo de la hermana de Diana D’Agostino, se unió al coro para entorpecer telepolíticamente el proyecto.

Águila vieja, campanita nueva

Aunque mediáticamente se le muestre a Ramos Allup envalentonao, con la prosodia y el vocabulario adeco clásico, puertas adentro en la Embajada estadounidense no siempre fue así. En un cable de 2006, William Brownfeld, entonces máximo representante diplomático del Departamento de Estado en el país, calificó al dirigente adeco de “poco imaginativo, presumido, e incluso repelente”.

Aunque mediáticamente se le muestre a Ramos Allup envalentonao, con la prosodia y el vocabulario adeco clásico, puertas adentro en la Embajada estadounidense no siempre fue así.

Erigido como un minicaudillo dentro de la oposición venezolana, Brownfeld hizo hincapié en el hecho de que el político en cuestión dividía y no dejaba manifestarse a otros liderazgos dentro de su maltrecho partido debido a su arrogancia mezquina. Más allá del amplio calificativo emo-psicológico que caracteriza a Ramos Allup en el mencionado cable, lo importante es su evolución en el marco de las circunstancias de la guerra contra Venezuela para entender el por qué fue votado para presidir la Asamblea Nacional.

Es obvio que los verdaderos jefes extranjeros de la MUD ahora le dan el visto bueno, lo que tal vez explique que, a diferencia de todas las campañas anteriores, nunca se le vio a Ramos Allup ir contra la corriente respecto al entubamiento discursivo de la campaña, sin confrontar a los habituales de siempre (a Capriles, a Voluntad Popular y los antipolíticos, etc.) y haya preservado una disciplina operativa prácticamente a lo largo de todo 2015. El premio por semejante armonización con el resto de facciones de la MUD se lo granjeará el 5 de enero, en desmedro de la competencia: el Julio Borges moldeado por Granier, y cuyo partido alcanzó la mayor cantidad de curules dentro del espectro de la nueva composición legislativa.

Además de su prontuario en beneficio del empresariado casado con las transnacionales, la experiencia de casi tres décadas en los espacios del Hemiciclo y la enunciación incendiaria para los momentos de álgido ataque exterior contra el país son los recursos por los que fue electo Henry Ramos Allup. No le tiembla el pulso a la hora de anunciar suspensión de garantías constitucionales como en 1992 ni tampoco para entregar con su voto (y el de sus subordinados políticos) la institucionalidad venezolana al lechuguino capital privado, como sucedió durante la llamada “apertura petrolera”. Mucho menos para cantar que destituirán al presidente legítimamente electo por los venezolanos en un lapso de seis meses.

Sí, Henry Ramos Allup forma parte de la foto del saqueo cuartorrepublicano y la bocina política de Acción Democrática. Pero su papel hoy es el de representante y vocero en la arena local de los poderes que tratan de retomar la mina Venezuela y asegurarse de cumplir las órdenes de que el chavismo no sólo se desmantele en este momento, sino el de asegurar que no vuelva a repetirse otro envión revolucionario de esta naturaleza. Para eso la campanita que tanto desea hacer sonar el adeco.

Ah. Henry Ramos Allup también cobra pensión.

Misión Verdad

 

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