Opinión

06
Ago
2011

El mundo conmemora el aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima. Una conmemoración más del genocidio cometido por EEUU contra un país ya rendido y en ruinas, como el Japón de 1945.

Oppenheimer (director científico de la bomba A) después de contactar para hablar, en el verano de 1942, con el físico Arthur Holly Compton, premio Nobel de física, le confesó que su equipo de investigación había pensado que una explosión nuclear podría encender todo el hidrógeno de los océanos o el nitrógeno en la atmósfera. Compton expresó que según esta hipótesis esas bombas jamás deberían ser construidas. El físico Compton expresó: “Es mejor aceptar la esclavitud de los Nazis que transitar el riesgo de correr la última cortina a toda la humanidad”.

Cada vez que se acerca la fecha de la ignominia estadounidense contra estas dos ciudades, indefensas y expuestas como conejillos de indias a la perversidad de un asesinato en masa, sin justificación posible, más nos damos cuenta de que el peligro no sólo no ha pasado sino que continúa latente y en marcha.

No es Irán la que quiere acabar con el mundo “civilizado y occidental”, son precisamente los mismos asesinos de ayer los que han despachado, en cada micro guerra por todo el mundo, su carga letal de uranio empobrecido, trayendo como consecuencia mutaciones genéticas iguales o peores que las que le aplicaron a los japoneses.

¿Cuál corte internacional será capaz de llevar a estos terroristas al banquillo de los acusados y hacerles lo mismo que a Eichmann en Israel?

Recordemos siempre las palabras del general Curtis LeMay cuando dijo que si no hubieran sido ellos (los estadounidenses) los que ganaron la guerra, hubieran sido condenados como criminales de guerra.

Hiroshima con aproximadamente 400.000 habitantes, quedó convertida en un desierto humeante. En un radio de seis kilómetros todo se volatilizó. La bomba explotó a 580 metros del hospital Shima en el centro de la ciudad. ¡Qué sitio más oportuno para matar!

Se estiman 90.000 muertos masacrados en masa en Hiroshima solamente, sin embargo no olvidemos las palabras del presidente Truman “Éste es el suceso más grandioso de la historia”

Tres días después vino Nagasaki con un estimado de 40.000 seres humanos evaporados o dejados a su suerte, vagando como muertos vivientes, con la piel desgarrada y sin ninguna oportunidad de vida al igual que en Hiroshima.

Indiscutiblemente se experimentó con dos bombas distintas, la primera con un núcleo de uranio enriquecido y la segunda con un núcleo de plutonio para “observar sus efectos”

La mayoría tanto en Hiroshima como en Nagasaki fueron civiles, entre ellos por supuesto niños y mujeres. Sin embargo Truman continuó con sus macabros comentarios al afirmar: “Pero ese ataque sólo es una advertencia de las cosas que vienen. Gran responsabilidad que ha caído sobre nuestros hombros y que gracias a Dios llegó a nosotros y no a nuestros enemigos. Le pidió a Dios su guía para usarlo para sus fines.” Fue una plegaria escalofriante y profética.

Como saldo final, para los últimos meses de 1945 había 145.000 muertos en Hiroshima y 75.000 en Nagasaki.

Con razón Oppenheimer dijo: “Me he convertido en la muerte, el destructor de mundos” Pero esa frase no puede resumirse en un solo hombre, sería injusto y menos con alguien que se arrepintió y lucho por prohibir la escalada atómica.

Más allá estuvo toda una máquina infernal de guerra conducida por auténticos criminales de guerra incluyendo su comandante en jefe. ¡Y lo peor es que sigue en funcionamiento!

luisortega69@hotmail.com

 

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