Opinión

Autor: Beltrán Haddad

12:52 pm
31
Ago
2015

¿Son numerosos los homosexuales en nuestra sociedad? En informes de los años 60 del siglo pasado se anunciaba una cifra de 8% en la población masculina. Sin tener estadísticas fiables a la mano, tendería a creer que en la actualidad esta cantidad ha sido ampliamente superada. Avanzo un 12%. Recientemente, un periódico de difusión nacional adelantaba la evaluación de 15%, que me parece excesivamente alta.

¿Nace uno homosexual o se vuelve tal por incidencias sociales? Antaño se “culpaba” sobre todo al mundo ambiental: la educación, los factores exteriores tales como la ausencia del padre o su carácter excesivamente débil, etc. La literatura católica sobre el tema no favorecía mucho la objetividad: homosexualidad culpable, enfermiza, antinatural… A Dios gracias, van cambiando las cosas. Es conocida la discreta e importante frase que el papa Francisco hizo a propósito del homosexual: “¿Quién soy yo para juzgarlo?”.

En una obra reciente y relevante, el especialista belga Jacques Balthazart (Biología de la homosexualidad) cree que la homosexualidad depende sobre todo de tres tipos de influencias prenatales: hormonales, genéticas y tal vez inmunológicas. Pero, prudente, el autor añade: “Dada la complejidad del ser humano, puede ser que en ciertos casos sea el resultado de una opción de vida consciente”. La demostración -no entremos en análisis- da la impresión de ser algo forzada. Pero, en todo caso, permite admitir que no pocos homosexuales nacen con esa tendencia, sin responsabilidad ni elección libre, y que factores sociales o familiares solo vendrían a facilitar el nacimiento de su conciencia homosexual.

El catecismo de la Iglesia Católica, obra de los dos papas conservadores Juan Pablo II y Benedicto XVI, opera la distinción entre las “tendencias” homosexuales, involuntarias y, por lo tanto, no culpables, y los “actos” homosexuales, considerados, ellos, como “desordenados” porque son contrarios a la ley de diferenciación. Pero, ¿puede acaso separarse, como lo hace este catecismo monumental, la orientación fundamental y la práctica? Se llega a un juicio irrealista e injusto. El problema es importante. Volveremos.

 

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