Opinión

Autor: Antonio Aponte

10:37 am
17
May
2012

El hombre imagina, esa es su naturaleza, tiene la capacidad de crear mundos ficticios, y ejerce esa cualidad. La fantasía nos hace humanos. El amor, cimiento de la humanidad, se alimenta de fantasía, de lunas conquistadas, de flores que abren postigos, poesías que transforman acantilados en canciones y lágrimas en lanzas metálicas.

Esa capacidad de imaginar universos paralelos, dio origen a la literatura, la poesía y a las artes. Beethoven, aun siendo sordo, pudo componer impactantes sinfonías porque las imaginaba, aunque nunca llegó a oírlas. Picasso transformó el horror de la guerra en arte, consiguió que la belleza fuese vehículo para recordarnos, con Guernica, la crueldad de que somos capaces.

Es asombrosa la capacidad de imaginación de la especie, crear religiones donde sólo había un poste tallado, convertir truenos y rayos en dioses, fundar Parnasos y Olimpos.

La capacidad de imaginar hace del hombre un ser de fuerza extraordinaria y también de debilidad increíble. Deprimirse hasta la inanición por amor, y también resistir el campo de concentración, la soledad del náufrago. Crea cosmos que lo evaden del sufrimiento, o lo sumergen en el tormento.

En política, la capacidad de imaginar es indispensable, aunque también es un quebranto. Es muy útil cuando prefigura la meta, el futuro, y estimula las batallas del presente. Pero cuando lo deseado, lo imaginado, la realidad, se confunden en una madeja laberíntica, entonces, se produce una especie de esquizofrenia política que es camino seguro a la derrota.

La imaginación debe ser manejada con tino, que estimule la marcha sin enceguecer el entendimiento, que no paralice el pensamiento, que tenga vuelo alto sin perder el contacto con la realidad. Esa es la mezcla ideal, imaginación y realidad, hechos y teoría dirigiendo la transformación.

La Revolución es el mayor esfuerzo de imaginación que el humano pueda hacer, debe estar fusionada con una gran compresión de la realidad, ésta es la defensa contra uno de los grandes males del proceso de cambio: el Fetichismo.

El poder, pero también toda actividad política, tienen, por su misma condición, un alto peligro de ser contaminado por el fetichismo: crear realidades que son meras imaginaciones, construir mundos que sólo existen en la mente de los políticos y perder la capacidad de sentir la realidad.

La historia está llena de derrotas sorpresivas, de derrumbes imprevistos. ¿Quién podía prever la caída de la Unión Soviética ? No los arrogantes que estaban sumergidos en su burbuja de ficción, lo hizo el Che, ejemplo de esa mezcla de imaginación y realidad. ¿Quién podía imaginar la debacle en Vietnam, o el empantanamiento en Irak?

Esta Revolución debe mantenerse alerta frente al fetichismo, a la imaginación desbocada. El contacto con la realidad debe ser de vida o muerte, y éste supone alta capacidad de crítica, voluntad de aceptarla. Una Revolución tendrá la altura de la calidad de su crítica, del trato que le dé. Recordemos la sentencia martiana: “Criticar es amar”.

¡Con Chávez imaginaremos mundos y los construiremos!

 

Hacer un comentario.



Los comentarios expresados en esta página sólo representan la opinión de las personas que los emiten.

Patriagrande no se hace responsable por los mismos y se reserva el derecho de publicar aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto y/o que atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recuerde ser breve y conciso en sus planteamientos.

Comentarios