Opinión

Autor: Asalia Venegas

03:14 pm
12
Mar
2015

Esta semana el agua rebasó el vaso. Vimos con estupefacción como el Presidente del gigante del Norte habló por sí mismo. Ya había hablado antes. Previo a esta puesta en escena, más de veinte funcionarios -de distinto rango- habían hecho distintas imputaciones a Venezuela: violación de los derechos humanos, persecución a estudiantes y políticos, privación de libertad a dirigentes de la oposición, corrupción galopante, cooptación de las instituciones. Siempre bajo el prisma de aquel régimen.

En la época de Chávez el intervencionismo de Estados Unidos fue permanente. Diferentes episodios -a partir del año 2000- marcan ese camino, que hace eclosión con el golpe de Estado de 2002. El paro sabotaje petrolero, las guarimbas de 2005, el financiamiento descarado a la oposición por parte de la NED y la Usaid, son pruebas irrefutables de esta política.

El asilo a los banqueros prófugos y la protección a figuras que se declaran perseguidos políticos, es una de las tácticas de la intervención. Se ha orquestado una campaña mediática falaz contra el país teniendo como epicentro los emporios comunicacionales de aquella nación. Las imputaciones al Gobierno de protección al terrorismo y a los carteles de la droga, es un ingrediente a la campaña de desprestigio y de ataques permanentes.

La historia negra de la política exterior de Estados Unidos no sorprende a América Latina. El Pentágono, el Departamento de Estado, la CIA, son los operadores de los halcones y del complejo militar industrial que arrasa con todo lo que se oponga a sus intereses expansionistas y de apropiación de las fuentes energéticas, como lo es el petróleo. Venezuela tiene las reservas probadas más grandes en el planeta. Los procesos integracionistas en la región pretenden liquidarse.

El presidente Maduro calificó como una desproporción, un exabrupto, el alegato de Obama al declarar la “emergencia nacional” por lo inusual y extraordinario que crea la situación de Venezuela, que constituye una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. El imperio ataca y pretende invadir. Es una guerra declarada. Ante eso, alerta extrema para la patria, para los bolivarianos. El Presidente solicitará poderes habilitantes para defender la soberanía, independencia y nacionalidad.

 

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