Opinión

Autor: Maryclen Stelling

03:23 pm
10
Ago
2015

A través de este y otros espacios hemos venido trabajando el manejo transmediático (medios y redes virtuales) que se está realizando sobre la actual situación del país. En ciertos sectores políticos se ha ido generando la creencia de que actualmente imperan las mismas precondiciones del sacudón o caracazo. Ante tal simplismo, solo cabe echarle leña al fuego y esperar por el incremento gradual de la protesta, hasta la violenta irrupción colectiva.

Mientras llega el anunciado brote de violencia, va emergiendo una serie de interrogantes en torno a los cambios que ha sufrido la sociedad en relación a la Venezuela de los 90. ¿Se han transformado los patrones de conflicto social? ¿Son las actuales acciones colectivas expresiones de un conflicto? ¿Cuál conflicto? ¿Han cambiado los principales conflictos a los que respondió el Caracazo? ¿En qué dirección?

En cuanto al papel de las representaciones sociales en los conflictos y, por supuesto de medios y redes, luce inminente averiguar cómo se transforman los problemas sociales en objetivos potenciales de la acción colectiva. De allí que deben resolverse las siguientes dudas: ¿cómo se desarrolla en los participantes un sentido de comunidad y se identifican en un “nosotros” colectivo? Y ¿cómo lograr que actos aislados de protesta sean entendidos como partes de un mismo conflicto? El reto es potenciar entre los actores sociales interpretaciones compartidas sobre su situación y sus problemas.

El próximo acertijo por resolver se refiere al proceso de transformación de valores, intereses e ideas en acción colectiva.

El reto es maximizar la potencia de los desafíos colectivos y manejar la relación costo-beneficio de la protesta. Igualmente, reconocer el papel que desempeñan las identidades, los símbolos y las emociones en el surgimiento y continuidad de la acción colectiva. Sin olvidar el rol que juegan las organizaciones y las redes.

Una de las cuestiones más importantes por dilucidar parece ser cómo reconocer el acontecimiento límite que confirma temores y sospechas y, además, potencia la acción colectiva. Resueltos todos los enigmas anteriores, se desemboca en la última condición: el rompimiento del control social, y ya es inevitable la violencia colectiva. Ha llegado el megasacudón.

 

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