Opinión

Autor: Beltrán Haddad

01:31 pm
04
Ene
2016

Por ahí andan los “constitucionalistas” y también los profanos con su carga de saberes tratando de dar sus interpretaciones en estos momentos de normas constitucionales, de leyes orgánicas, de Asamblea Nacional, de Tribunal Supremo, de diputados y magistrados, de competencias y nulidades. Todo en un conflicto de interpretaciones que ponen en juego un mundo de subjetividades. Esa es la verdad, pues una interpretación puede ser a conveniencia de un sector o de otro, puede ser caprichosa, pero nunca será una verdad absoluta.

En el campo de la filosofía merece ser contada una experiencia de Michel Foucault, allá en París, julio de 1964. Se trata de su ponencia relacionada con las técnicas de la interpretación en Nietzsche, Freud y Marx. Dice que el lenguaje despierta dos sospechas. La primera es que el lenguaje no dice exactamente lo que dice. La segunda es que hay cosas en el mundo que hablan y que no son lenguaje, como el mar o el murmullo de los árboles. Esas sospechas no han desaparecido y cada cultura ha tenido su sistema de interpretación y sus formas de rastrear el lenguaje. Pone como ejemplo el siglo XVI, en el que la semejanza daba lugar a la interpretación, pero esas técnicas han sido dejadas en suspenso, por lo que el siglo XIX, por ejemplo, y muy especialmente Marx, Nietzsche y Freud, nos ha vuelto a poner en presencia de nuevas técnicas de la interpretación. Partiendo de esos tres grandes, Foucault indica que la interpretación ha llegado a ser al fin una tarea infinita, y lo dice explicando el último carácter de la hermenéutica en el sentido de que la interpretación se encuentra ante la obligación de interpretarse ella misma al infinito, de proseguirse siempre.

Fíjense que hago referencia al sentido moderno de la interpretación en la lectura foucaultiana, pero en el ámbito del derecho, las cosas cambian porque nos movemos en un mundo de prohibiciones y mandatos que nos llevan a una connotación distinta de la interpretación, eso que los abogados denominan “hermenéutica jurídica”, donde es posible, por mandato constitucional que solo el Tribunal Supremo tenga la interpretación sobre el contenido y alcance de los textos legales y, además, que esa interpretación se haga vinculante o no. Por ello, no hay mucho que interpretar, como en la filosofía en juego infinito.

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