Opinión

Autor: José Vicente Rangel

09:20 pm
06
Mar
2012

La campaña para las elecciones del próximo 7 de octubre tiene todas las características de un episodio bélico. Influyen diversos factores. Tanto internos como externos. Uno es la polarización que por los vientos que soplan alcanzará en esta oportunidad cotas más elevadas que en anteriores procesos.

Otro el impacto que tiene un evento en un país que está en la mira de grandes potencias, con singular ubicación estratégica, no solo productor de petróleo sino poseedor de la mayor reserva de hidrocarburos del mundo, justo cuando el recurso es más apetecible y su precio cada día mayor.

Interese foráneos

El proceso electoral en marcha destaca por la contaminación que provocan fuerzas políticas e intereses económicos particularmente activos desde el exterior. Toda la derecha internacional, la de la Unión Europea y la de los Estados Unidos, inició una cruzada con contenidos ideológicos, políticos y religiosos para lograr la derrota de Hugo Chávez. Organismos de inteligencia y de seguridad, partidos y ONGs debidamente concertados, poderosos grupos económicos y factores religiosos, apuestan a sacar a Chávez de la presidencia invirtiendo fabulosos recursos.

El dinero fluye a raudales. Los expertos en guerra sucia se multiplican. Así como el empleo brutal de los medios de comunicación encadenados para proyectar sobre Venezuela campañas de desinformación y distorsión de la verdad como no se veían desde finales de la guerra fría, sólo comparables a las que se adelantan contra algunos países árabes.

Dentro del país

Dentro del país la situación tiene aspectos que hay que abordar en detalle. Ejemplo: lo que hoy es la oposición. Ésta se organizó al rededor de un proyecto auténticamente de derecha, expuesto al mismo tiempo con una fuerte carga de ambigüedad. Es importante el dato porque ese sector ahora se enmascara con un leguaje adaptado a las circunstancias, barnizado con el dato social con el deliberado propósito de competir con el chavismo. Por eso el candidato define su opción como de centro-izquierda, y se ha sabido que hasta intenta reconstruir un movimiento socialdemócrata.

Cabe preguntar: ¿permite la alianza que preside, variopinta y contradictoria, aventurarse por esa incierta ruta? Algo más: la política de un sector social de la MUD, que circunstancialmente participa de la línea electoral, sólo secundará esa política si le ve posibilidad de éxito. Porque en la medida que adquiera la convicción de que por esa vía no saldrá a Chávez, volverá a la aventura. Hay planes en marcha -cada vez más evidentes- para implementar una doble táctica, consistente en combinar trabajo electoral con desestabilización. Muestra evidente de ese propósito es la vergonzosa manipulación sobre la salud de Chávez que generar confusión y trata de inhabilitarlo para competir por la presidencia.

El trabajo de grupos de la oposición, nostálgicos de Plaza Altamira”, apunta al empleo de variadas formas de subversión con la intención de presionar para que el sector democrático no “capitule”, como suelen afirmar en ese ambiente. En este esquema influye, de manera terminante, el apoyo exterior en dinero, cadenas mediáticas, asesorías y elaboración de planes ante la posibilidad de que Chávez triunfe el 7-O. En síntesis, la estrategia del caballo de Troya, asumida por sectores de la oposición desnacionalizada, estimulada ahora por la “doctrina Obama” y lo que está sucediendo en ciertas zonas del mundo.“Leer será tener una copia ilegal en el cerebro”

 

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