Opinión

Autor: Max J. Castro

03:13 pm
11
Nov
2015

Marco Rubio es el republicano más peligroso en Estados Unidos.

Él no es el más desagradable, ni por mucho. Donald Trump está aferrado a ese dudoso honor, y hay otros que yo pondría por delante de Rubio en esta categoría. De hecho, Marco viene a ser más bien amable. Si todo lo que supiéramos acerca de Rubio es la forma en que él se presenta, lo cual hace muy bien, se pudiera hasta votar por él.

Es joven, guapo, elocuente, conocedor de las cuestiones, y lo suficientemente inteligente para un político (aunque ni siquiera en la misma liga que Bill Clinton o Barack Obama). Su tono es medido, en lugar de ser estridente. Él se centra en atacar a los demócratas y no en participar en el pelotón de fusilamiento circular que es la contienda por la nominación republicana. Rubio es el perfecto lobo en piel de oveja, y el republicano más peligroso en la contienda

Rubio presenta una buena persona, pero su ideología y sus posiciones políticas desde la época en que estaba en la legislatura de la Florida hasta el día de hoy son repugnantes.

Las personas más vulnerables de la Florida –niños pobres que necesitan atención médica especializada, trabajadores de bajos ingresos que no pueden pagar un seguro médico privado, los jóvenes desempleado y encarcelados, y adultos que corren el riesgo de ser heridos o muertos por guardias fuera de control– están pagando un alto precio por las políticas de Robin Hood al revés de una legislatura y un gobernador republicanos. Mientras tanto, la legislatura ha prodigado un beneficio fiscal tras otro en los individuos ricos y las corporaciones más ricas aún.

Puedo imaginarme a alguien que, a diferencia de mí, es un firme creyente en los Evangelios, el papa Francisco, por ejemplo, observando estas torcidas prioridades y denunciándolas con una sola palabra: anticristianas.

Nadie es más responsable de establecer estas políticas mezquinas que el entonces presidente de la Cámara de Representantes de la Florida, Marco Rubio, y su amigo ahora distanciado, el exgobernador Jeb Bush. El hecho de que el actual gobernador, Rick Scott, haya multiplicado estas prioridades no excusa a Rubio-Bush. Sus acciones establecieron el modelo para una visión del mundo y una política que Francis podría llamar anti-cristiana y yo llamo simplemente inhumana.

Permítanme darles un ejemplo de la mezquindad esencial impulsada por la ideología que subyace bajo la resbaladiza autopresentación de Rubio. Un amigo que dirigía una gran organización dedicada a mejorar la vida de los niños en el condado de Miami-Dade pidió a Rubio que hiciera algo para que los niños inmigrantes pudieran obtener atención médica decente. La respuesta final de Rubio fue la siguiente: “No queremos crear otro programa de ayuda social”.

¡Dios nos libre de que los niños enfermos tengan derecho a la atención médica! El comentario de Rubio no fue más que un comentario republicano de plantilla, el tipo de cosa que él pudiera haber aprendido en los seminarios dirigidos por grupos de derecha para asegurar que las legislaturas, ahora y en el futuro, sean controladas por miembros de pensamiento derechista. Pero eso no quita el puro salvajismo, la indecencia elemental. ¿Qué sociedad en el mundo que este país considere su igual (sistema político similar, alto PIB per cápita) cuestionaría el derecho de un niño a la atención médica?

Traducir en palabras lo que estaría mejor expresado por medio de un diagrama de Venn, la intersección entre sociedades decentes y las que negarían la atención médica a los niños es un conjunto vacío. Eso significa que en este momento no vivimos en una sociedad decente. Podemos gritar a los cuatro vientos que somos la nación más generosa de la historia. Hasta que la atención médica sea un derecho de todas las personas en este país, pocos nos creerán más allá de nuestras fronteras.

Cuando el shock inicial desencadenado por los ataques asesinos del 11/9 comenzó a convertirse en luto, muchos empezaron a hacer la pregunta: “¿Por qué nos odian?”. Los políticos y los expertos se apresuraron a suministrar lo que se convirtió en la respuesta generalmente aceptada: Debido a nuestra libertad.

Sin duda, eso es cierto para unos pocos fanáticos. Pero fuera de este número por suerte limitado de simples odiadores, hay otra razón más poderosa. La mayoría de las personas en el mundo sabe que realmente tenemos la riqueza económica para cuidar de la salud y del bienestar de nuestra propia gente, aumentar drásticamente nuestra ayuda a los países pobres, y aún así proporcionar mucho más que la “defensa adecuada” prevista por los Fundadores.

También saben que en su lugar hemos elegido gastar nuestro dinero en sistemas militares, invasiones descabelladas y aventuras intervencionistas de todo tipo. Y cuando se trata de ayudar, le damos la parte del león a un país rico, Israel, principalmente en forma de armas. Los gobiernos de derecha que han gobernado Israel desde el asesinato indecible de Rabin hace veinte años, esta semana han utilizado esas armas para arrasar enormes partes de Líbano, la Franja de Gaza, e incluso atacar ¡a una pacífica flotilla turca! En cada caso, ha habido muchas víctimas civiles, entre ellos algunos norteamericanos.

El asunto de esta excursión es que Marco Rubio como presidente podría duplicar todas estas equivocadas políticas nacionales y extranjeras. Ese es el peligro de fondo, pero el peligro político es que él tiene una remota posibilidad de llegar a la Casa Blanca, mientras que los otros republicanos no la tienen.

Vamos a dejar una cosa en claro. No creo que Rubio se convierta en presidente. Los republicanos se han distanciado del voto latino clave. Como latino, podría esperarse que Rubio recuperara un poco de ese voto. Pero no obtendrá lo suficiente como para hacer una diferencia. Rubio, por razones buenas y malas, es justo el tipo de latino que desprecia la gran mayoría de los latinos en este país. Sin cifras decentes entre el electorado latino, el Partido Republicano no puede ganar. Rubio no los conseguirá.

¿Entonces por qué es peligroso Rubio? Hay una situación en la que podría llegar raspando a la Casa Blanca con uñas y dientes. Supongamos que hay rechazo masivo del candidato demócrata por parte de los electores. “Diablos, no, no voy a votar por una maldita socialista”, “Hillary ha mentido acerca de todo, los correos electrónicos, Bengasi… No queremos a otro Clinton mentiroso en la Casa Blanca”.

He oído a electores mencionar precisamente esos sentimientos, y me preocupan. En tal situación, y ayudado por la feroz campaña de difamación que los republicanos tienen en reserva para cualquier candidato demócrata, la superficial razonabilidad de Rubio y sus juveniles rasgos bien parecidos podrían darle una oportunidad.

Sin embargo, espero que los electores sean capaces de ver a través de esa fachada el corazón de Rubio, donde encontrarían tan solo un agujero negro ideológico.

Cubadebate

 

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