Opinión

Autor: Beltrán Haddad

08:56 am
02
Mar
2015

Hace poco apareció en este diario el titular: “TSJ les leyó la cartilla a los jueces penales”. En el cuerpo de la noticia se hace referencia a una reunión del nuevo presidente de la Sala Penal, magistrado Maikel Moreno, en la que emplaza a los jueces penales a tomar sus decisiones de forma autónoma.

Eso significa que Maikel se inició “con buen pie” y nos hace pensar que no están frías las esperanzas de alcanzar una justicia que reivindique la ley como instrumento apropiado para profundizar la democracia nueva y participativa y la certeza de que la autonomía del juez es la garantía para pasar de un Estado de derecho a un Estado de justicia que sepulte definitivamente el pasado de arbitrariedades.

Cuando se pierde la autonomía de los jueces, podemos entender las razones que tienen muchas personas para no confiar ni en la ley, ni en los tribunales ni en sus jueces. En Venezuela la autonomía del juez viene maltrecha. No de ahora, sino desde hace mucho tiempo, casi doscientos años. Poco o nada hemos cambiado y por ello se mantienen esas estructuras de justicia cansadas de tanto maquillaje, maleadas de ineficaces procedimientos, de engaños, de laberintos, de tanto rebuscamiento y privilegios encubiertos. Son esos vicios que parecen interminables, que fastidian la conciencia, pero allí están y son los mismos de ayer. Por eso hay que leerles la cartilla a los jueces para que entiendan que son autónomos en su función de juzgar y que nadie puede presionarlos. La realidad venezolana ha cambiado, sobre todo en desarrollo social; pero en lo judicial no es así y queremos que cambie porque los privilegiados de la justicia son pocos y los excluido son muchos. Hay justicia social, pero poca justicia judicial. La ley dice que los jueces y juezas son autónomos e independientes. Sin embargo, hay jueces que pierden su autonomía no por las interferencias o presiones que puedan tener, sino porque esos jueces se quitan, ellos mismos, su autoridad y su autonomía por temor, por tibiezas o por corrupción. Por eso se ha dicho y lo repito: cuando los jueces se comprometan a no escuchar ni a la duda, ni al miedo ni a los sentimientos de afecto, en ese instante existirá un juez con autonomía e independencia. Esa cartilla es de lectura obligatoria y de mucha pedagogía judicial.

 

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