Opinión

Autor: Beltrán Haddad

02:45 pm
26
Oct
2015

No es difícil percibir que la democracia tiene un sentido muy marcado en el derecho al sufragio que pertenece a todos, no importa la ficción de igualdad que tenga el concepto de ciudadano. Pero les digo que no es de extrañar en estos días preelectorales la presencia de un discurso inquietante y alarmador que lleva por dentro el odio al diferente, que asoma casi imperceptible una desesperación por la desesperación misma de no poder ganar, pero envuelto en una falta de memoria que llama la atención. Digo “falta de memoria”, con perdón por aquellas distinciones de la escolástica, porque no se trata de memoria sensible o memoria negativa, sino sencillamente de falta de memoria. Y eso es grave.

Se dice que la memoria pura constituye la propia esencia de la conciencia y por ello representa la continuidad de la persona. ¿Sabrán esto los que olvidan el pasado? También se dice que “el ser que tiene memoria”, que conserva su pasado, lo actualiza en todo lo presente y tiene, por consiguiente, historia y tradición. Esto lo afirmaba Bergson (Henri) hace muchos años, pero en Venezuela la oposición no tiene memoria y quiere condenarnos a vivir y actuar humana y políticamente bajo la cultura del olvido. Nos dicen ahora que van a salvar el país. No me gusta esa oferta.

Los jóvenes de hoy deben saber que venimos de un pasado comprometido con la pobreza extrema y ranchos de cartón; que los sectores populares no tenían un sistema de salud en su propio cerro y en su propio barrio, como hoy lo tienen. Deben saber que la educación pública en el pasado la convirtieron en educación privada y selectiva, tal como sucedió en Chile con Pinochet. Cómo olvidar el pasado si las empresas del Estado e industrias básicas fueron liquidadas o vendidas y que Pdvsa también iba a ser privatizada y tuvo Chávez que recuperarlas y crear todas las misiones de salud, educación vivienda y alimentación de que goza el pueblo. Cómo olvidar el pasado si en Venezuela se cometieron crímenes de lesa humanidad, torturas, muertes y desapariciones de personas, sin dejar de mencionar las masacres de Cantaura o Yumare, o la crueldad sin nombre en el asesinato de los estudiantes Guerra y Millán allá en Maturín. En fin, hay algo oculto en esa oferta de salvar al país de un supuesto desastre. ¡Cuidado, falta la memoria!

 

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