Opinión

Autor: José Vicente Rangel

08:35 am
02
Jun
2015

Tiempo de hienas. La extensión que el diccionario hace del nombre del animal, es el de “una persona que se comporta sin escrúpulos y con cobardía”. Tal es la característica de aquellos que actúan en cualquier actividad, sea económica, política o de otra índole, sin ningún tipo de principios. Por ejemplo, en los medios de comunicación no importa difundir información sin respeto a la verdad. Inspirada solo en el propósito de difamar. De someter al escarnio a cualquier persona con la que se tiene divergencias. El escenario es el medio, pero entiéndase: no como instrumento de la libertad de expresión, sino de los intereses de los propietarios. En otras palabras, la noción de propiedad por encima de un derecho humano fundamental, como es la información veraz, responsable, que oriente a la opinión pública y no que la deforme. Que la induzca al falseamiento de la realidad. A pretender que el producto que se entrega al consumidor de información –y la interpretación–, tiene que responder al criterio de los dueños de medios.

En Venezuela la etapa más vergonzosa de los medios de comunicación es la que ha vivido durante el proceso bolivariano. Para aquellos medios, cuya penetración en la opinión pública, es innegable, el arribo de Chávez a la presidencia de la República, limpiamente, vía constitucional y a través del voto, generó una reacción de rechazo en sus propietarios, que no guardaba relación con el origen legítimo del gobierno instaurado en 1.999 con el propósito de realizar profundos cambios sociales, económicos e institucionales. Nada explica el abismo entre la línea informativa y editorial de esos medios y el sentimiento de apoyo en la calle al proyecto chavista. Los medios conspiraron desde el primer momento contra la estabilidad democrática y el mandato proveniente de la voluntad popular. Auspiciaron y participaron, activamente, en todas las conjuras gestadas por la derecha nacional e internacional, y se colocaron al servicio de turbios intereses. No se puede decir que lo hacían en ejercicio de la libertad, sino de la ejecución de una política contra el Estado de derecho, que operaba en dirección contraria al sentir nacional. Los propietarios de medios imponen su particular visión política, mientras que el colectivo nacional es despreciado. Ese antagonismo se extremó con el correr del tiempo hasta culminar en una situación en la cual el objetivo de los medios, fue acabar con el proceso bolivariano a como diera lugar. Intentaron varias veces derrocar a Chávez y han tratado de hacer lo mismo con Maduro.

Las hienas apelaron a diversos recursos: golpe al modo tradicional, el 11-A; golpe petrolero; terrorismo; guarimba; guerra económica; cerco internacional; bloqueo parcial; invasión de paramilitares, y empleo de la más vasta operación mediática que se conoce en la historia contra una nación. En semejante contexto, donde se utilizan las más insólitas estrategias para acabar con el proceso bolivariano que, por cierto, han fracasado, inscribo el feroz ataque a Diosdado Cabello. Algo así como la última ratio. Ya que Cabello es una presa privilegiada. Por su firmeza. Por su capacidad de trabajo. Por su impecable conducta personal -lo cual testimonian quienes lo conocen. Por su sentido de lealtad. Y, desde luego, porque es un pilar de la estabilidad democrática. Pero la mercenaria campaña que se desarrolla en su contra oculta otro propósito. Como no basta lo que hasta ahora hacen esos sectores para golpear al presidente Maduro de manera canalla, negándole todo mérito personal, desconociéndole la capacidad demostrada en la difícil etapa en que le ha tocado gobernar, había que incorporar, como blanco del arsenal de infamias, al segundo de abordo -piedra de tranca de cualquier aventura-, para enervar su liderazgo y desmoralizarlo. ¿Con qué fin? Acabar con la conducción del chavismo, descabezar al gobierno y al partido, y, de esta manera, sembrar el caos. Por eso los despreciables argumentos contra Diosdado Cabello, vinculándolo al narcotráfico y a violación de derechos humanos. Falacia que no soporta una investigación, pero que erosiona, que confunde, y, lo que es peor, que es parte del proceso para a acusar a Venezuela de Estado forajido. Campaña ejecutada por las hienas y planificada por violadores sistemáticos de los derechos humanos en el mundo y por la clase política comprometida con el narcotráfico. La llave políticos/narcotraficantes está detrás del plan para acabar no solo con el proceso bolivariano, sino con el orden constitucional. Mediante campañas mediáticas que siempre culminaron con la liquidación de los Estados nacionales. Por eso es que no solo es la honra y dignidad de Diosdado Cabello lo que está en juego. Es el destino de Venezuela como nación libre y soberana.

Laberinto

¡Mosca con la economía! Sé de la preocupación por el tema del presidente Maduro. Pero crece la angustia por lo que ocurre. Hay un déficit informativo que complica la situación. Ejemplo, se dispara el dólar a niveles insólitos y no hay explicación oficial del fenómeno. Lo que se señala como causa es repetitivo. Es simple mención de hechos que, en sí, no es respuesta…

El gobierno tiene que demostrar audacia comunicacional. Orientar con lenguaje claro. Consultar abajo y arriba. Porque toda crisis tiene momentos en que se sueltan los demonios. Hay que tomar en cuenta opiniones críticas emitidas con buena intención, distintas a las que siembran desaliento. Algo interesante declaró un opositor como Luis Vicente León: “Sube el dólar negro -dijo- porque cuando la gente no consigue lo que busca se pone nerviosa y está dispuesta a pagar lo que sea… Esta vaina no se resuelve hablando paja ni cerrando páginas web, ni mandando gente presa. Se resuelve rescatando la racionalidad perdida”. ¿Qué es “racionalidad perdida”? Tomar nota de opiniones diferentes, compartir iniciativas serias y no encerrarse en actitudes irreductibles. Es lo que debe hacer tanto el gobierno como la oposición seria -que existe- sino se quiere que el país colapse…

Otro asunto: lo que hoy sucede aquí es similar a lo que pasa en otras naciones. Me refiero a la irracionalidad de la derecha en Venezuela y Argentina. Ejemplo: el sonado caso de la muerte del Fiscal Alberto Nisman, que tenía todas las características de suicidio. Pero el grupo de medios del diario Clarín, opositor recalcitrante al gobierno de Cristina Fernández -como sucede aquí con Maduro- atribuyó la muerte a la presidenta, lo que creó un clima explosivo, presubversión. Pero el curso de la investigación desdijo la hipótesis. Entonces, como por arte de magia, la información convertida al comienzo en festín, desapareció de las páginas del medio escrito y de la pantalla de t.v. controlados por el grupo. Sin explicación a la opinión pública, que seguía con avidez el caso. Aquí pasa igual con hechos difundidos con propósitos desestabilizadores que luego se esfuman porque están montados sobre mentiras…

La beatificación de Monseñor Romero es la victoria de la Iglesia verdadera y el reconocimiento al valor de la vida. Ese crimen confirmó que la derecha no tiene escrúpulos a la hora de imponer su visión criminal de la política. Si necesita matar, lo hace. Así la víctima sea un sacerdote oficiando la misa…

Al declarar la MUD que no asistiría a la manifestación convocada por López, se consumó el deslinde en la oposición que el país democrático esperaba desde hacía tiempo. ¿Y ahora qué?

 

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