Opinión

Autor: Carola Chávez

03:51 pm
27
Abr
2015

A Carlitos lo levantan a las 5:30 de la mañana, Su mamá, ya corriendo, lo besa apurada, ¡levántate, mi amor, corre, que es tardísimo!… ¿Tardísimo? -piensa Carlitos mientras un sueño lindo desaparece a la luz de un bombillo encendido en la madrugada.

Desayuna de mala gana cualquier cosita, no importa, en el colegio volverá a desayunar, una empanada hecha con otras manos, un jugo y una galleta envuelta en celofán industrial. Sube al carro con los zapatos en la mano, no hay tiempo, hay que correr. Mamá sortea el tráfico, ¡muévanse que no llegamos!, los carros se mueven en cámara lenta, y Carlitos cabecea.

Llega al colegio antes de la siete. Canta el himno, tareas, tareas, recreo y tareas. Por fin el timbre de salida, pero no para Carlitos. Él se queda a comer en el cole y luego a sus actividades especiales: más inglés, y clases de refuerzo, es que Carlitos escribe el cuatro al revés, y la lateralidad, ya sabe señora, y la nivelación con el grupo… Carlitos bosteza.

A las cinco está su mamá en la puerta esperándolo con un beso y un kimono. Al kárate, Carlitos, que el sábado hay competencia. Del kárate a una parada técnica en el supermercado y a las siete ya en casita. ¡Corre a bañarte y a hacer la tarea! Y corre Carlitos.

Con el copetico mojado, con su pijama de superhéroes, se sienta Carlitos frente a la tele a ver comiquitas. Mastica sin ganas un pan con jamón y queso y deja a un lado la fruta. Entonces llega papá como una visión borrosa entre unos párpados que pesan mucho. Son casi las nueve, Carlitos, un beso, campeón, y choca los cinco.

Chocados los cinco se duerme Carlitos, moviendo con su lengüita un diente que tiene flojo. Seis años y ya sabe contar en inglés, sabe cómo se mueve el caballo de ajedrez, sabe que el cuatro no se escribe de abajo para arriba, aunque le importa tres pitos por qué. Carlitos, cinta blanca de karate, puede hacer al pelo algún kata.

En la sala, sus papás hablan de su niño dormido. Satisfechos comentan que Carlitos ha hecho muchos progresos, según dice el informe escolar. Va bien, sus papás se ocupan de pavimentar su camino al éxito.

¡Corre, Carlitos que es tardísimo! Corre Carlitos otra vez, corre todo el día, como cada día, y antes de caer rendido en la noche recuerda que, otra vez, no le dijo a su mamá que un diente se le va a caer.

 

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