Opinión

Autor: José Vicente Rangel

10:50 am
11
May
2015

1 El escritor catalán Juan Goytisolo acaba de ganar el Premio Cervantes. En el acto de entrega pronunció un discurso que resume su trayectoria literaria y su sensibilidad política y social. Se trata de alguien capaz de conjugar la labor creativa con una visión crítica de la sociedad. Se podría decir que es un personaje incómodo, acostumbrado a nadar contra la corriente. Un “progresista” a secas, que no elude el compromiso con las mejores causas de la humanidad; que no hace concesiones en materia de principios; que huye de los reacomodos a que nos tienen acostumbrados ciertos intelectuales de izquierda, expertos en dar saltos y dirigentes políticos que traicionan las posiciones de avanzada del pasado. Goytisolo, autor de libros excepcionales -ejemplo, Señas de Identidad-, a quien conocí en Caracas hace más de 30 años, cuando Venezuela se hallaba sometida a la salvaje represión de la Cuarta República, no ha cambiado. En aquel entonces mostró plena solidaridad con la lucha que libraba el movimiento popular en defensa de causas justas. Eran tiempos en que las víctimas no contaban con solidaridad en el exterior y los organismos encargados de velar por la vida de las personas y condenar las torturas consumadas en nombre de la libertad y la democracia, callaban Tiempos de desaparecidos. Del infinito víacrucis de Alberto Lovera. Del horrendo suplicio a que fue sometido Efraín Labana Cordero en el TO-3, Campo de Concentración instalado en El Tocuyo. Recuerdo las palabras de Goytisolo de repudio al infame tratamiento que se aplicaba a miles de prisioneros políticos, confinados en lugares donde no existía el Estado de Derecho y privaba la doctrina de la seguridad nacional, aprendida por la oficialidad latinoamericana en la Escuela de las Américas, en medio de rigurosos entrenamientos y la enseñanza de variadas formas de tortura en manuales especializados.

2 Desde entonces lo seguí de cerca. Leía sus libros y compartía sus opiniones sobre las máscaras de la democracia representativa. Sobre la manipulación del ejercicio de la libertad por los dueños de medios. Ahora, con motivo del otorgamiento del Cervantes, aflora el recuerdo y siento hacia él profundo agradecimiento por su ejemplo. Por la dignidad con que ejerce el acto de escribir, de pensar, y la voluntad de rescatar la ética en la creación literaria y la política. En el discurso que pronunció al recibir el Cervantes hay una frase que lo define, que define a los que conservamos la esperanza en la lucha por un mundo mejor: “La luz -expresó- brota del subsuelo cuando menos se la espera”. Se refería, obviamente, a los movimientos que insurgen en la agotada política europea, y a la fuerza del pensamiento progresista y antiimperialista en Latinoamérica y el Caribe. Como quedó demostrado en la Cumbre de Panamá.

Capo mediático en el banquillo

Por fin, tras años de espera y múltiples esfuerzos, los periodistas democráticos de Chile lograron la condena de Agustín Edwards, propietario del grupo de medios de esa nación que encabeza El Mercurio, diario de la ultraderecha y factor importante en la cadena que en la actualidad dirige la ofensiva contra los procesos de cambio social y político en la región. La resolución del Tribunal de Ética y Disciplina del Colegio de Periodistas chileno -que la justicia no acompaña por razones obvias de servilismo al poder mediático-, decidió expulsar a Edwards por sus actuaciones en el golpe de 1973, entre las que señala: haber recibido fondos de la CIA, a partir de 1970, para desestabilizar al presidente Allende. Los documentos desclasificados del gobierno de EEUU registran los hechos en que participó el inefable personaje. Sus conversaciones con Kissinger, planificador de la conjura; las que tuvo con el entonces presidente, Richard Nixon; la solicitud de recursos que hiciera el dueño de El Mercurio; la adjudicación de éstos para la trama conspirativa, y, posteriormente al golpe de septiembre del 73, el apoyo a Pinochet en su criminal política represiva y de exclusión social. El pronunciamiento del gremio es un aporte a la desacralización de la libertad de expresión como la conciben los propietarios de medios y fortalece la denuncia de la conexión entre la actitud de los de medios y la subversión. Edwards y El Mercurio son piezas claves en el manejo de esta vinculación que suele ser presentada como defensora de la libertad, cuando es todo lo contrario. Sus consecuencias las vivió Venezuela el 11A, y las sigue viviendo con más descaro y agresividad. Hay que tenerlo muy presente.

Laberinto

Hay que salirle al paso a la campaña que se empieza a desarrollar sobre las elecciones parlamentarias. Tanto en el país como en el exterior se las presenta como la última carta que se juega la democracia. La oposición las asume como algo crucial. Como si Venezuela se acabara si triunfa el chavismo. Esta visión catastrofista, demencial, sobre unas elecciones que se realizan en un país con vasta experiencia en la materia, donde ha habido comicios todos los años desde 1999, está concebida para alimentar reacciones antidemocráticas. Es así como cobra fuerza el planteamiento de que el gobierno de Maduro y el chavismo se disponen a hacer fraude…

¿Cuál es el problema? Que si dirigentes de la oposición consideran que marchan hacia una derrota inevitable, y no son demócrata de verdad, buscarán la manera de descalificar un resultado electoral adverso. Así reaccionaron en los 19 procesos comiciales efectuados en el país…

Por tanto, hay que actuar ahora mismo para impedir que se forje una matriz de opinión que se consolide a medida que sea más evidente la derrota para el sector que la promueve. Si las fuerzas democráticas, el gobierno nacional y el chavismo se descuidan; si le restan importancia a la maniobra que está en marcha, ésta cobrará fuerza. Hay que desenmascarar lo que planifica la derecha y su proceso de ejecución. Denunciar lo que se deduce del discurso opositor. La intención que guía la campaña para deslegitimar las instituciones, en particular la justicia y la electoral…

Entre las iniciativas a desarrollar está la propuesta de un acuerdo, suscrito por todos los sectores participantes en las elecciones parlamentarias, de respeto al resultado que arroje la voluntad popular en los comicios. En el pasado hubo intentos para materializar una propuesta similar, pero la oposición, inexplicablemente, se negó. Cuando lo cierto es que si ésta tiene temor a ser víctima de un fraude, debería estar interesada en aprobarla. Pero lo inexplicable de la actitud de quienes dirigen a la oposición, se explica por el temor a quedarse sin bandera a la hora de otra derrota. Porque en el fondo no concurren a los procesos electorales para ganar, sino para crear condiciones que faciliten el atajo. Verdadera obsesión del liderazgo opositor. Como queda demostrado una y otra vez…

Desesperante el desabastecimiento y la inseguridad. ¿Qué pasa? ¿Por qué las medidas del Gobierno no mejoran la situación? ¡Algo falla!…

Hay que impulsar aperturas. Dialogar sin prejuicios. No todos los empresarios son conspiradores. Hacerlo no significa traicionar principios. Lo consagra la Bolivariana. Recomiendo releerla…

¿Quién está dando instrucciones para matar a delincuentes, presuntos o reales? En Venezuela no hay pena de muerte y recordarlo -o plantearlo- no es abogar por la impunidad, sino por el respeto de la Constitución. La situación recuerda aquella consigna de “plomo al hampa”, que sólo sirvió para incrementar el delito y envilecer a los organismos policiales.

 

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