Opinión

Autor: Maryclen Stelling

01:13 pm
26
Oct
2015

Dos maquinarias se enfrentan en esta carrera hacia el 6D: la electoral del Psuv y la del descontento de la oposición.

Desilusión, insatisfacción, disgusto, desagrado… términos que se utilizan para referirse al descontento que peligrosamente impregna la opinión pública. Se impone un delicado clima de insatisfacción con la economía y la política, estados de opinión que guardan estrecha relación y “bailan pegao”.

Estudiosos del tema definen al descontento como un sentimiento de privación relativa, que surge de la frustración de contrastar lo que se tiene con aquello a lo que se cree tener derecho. Aflora cuando se produce un revés en las condiciones que venían evolucionando favorablemente.

El descontento tiene un componente coyuntural, la actual crisis económica y el próximo escenario electoral. En tanto fenómeno de opinión pública, posee un segundo elemento, el manejo comunicacional del propio descontento. Desde allí, se generan corrientes de opinión, se quiebran espirales de silencio, se legitiman discursos políticos sobre temas prohibidos o evitados y se construyen héroes y villanos a conveniencia política del emisor.

Desde la oposición, la maquinaria del descontento persigue capitalizar electoralmente el sentimiento que aqueja a la opinión pública y convertirlo en malestar político, en voto y en acciones de protesta y violencia. La opinión pública recorre escenarios de pesimismo, impotencia, anomia, decepción, insatisfacción… Clima de incertidumbre que podría trasmutar el 6D en desaprobación para el “régimen que se sufre”.

El Gobierno hace alarde de una estructura de campaña y una organización electoral aceitada probada y comprobada en numerosas elecciones. Desde una perspectiva técnica, en “el ensayo comicial el Gran Polo Patriótico puso a prueba su base de testigos, a las y los militantes, las patrullas y los CLP”. Una gran demostración de cara a la victoria del 6D en la que “el chavismo fue el protagonista”.

Se anuncian medidas económicas, aumento del salario mínimo, reforma de la Ley de Precios Justos… Y como materia pendiente, la maquinaria de la esperanza.

Hasta el momento la confrontación se plantea fundamentalmente en términos de maquinaria electoral contra maquinaria del descontento. ¿Será ello suficiente para alcanzar la victoria perfecta?

 

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