Opinión

Autor: Beltrán Haddad

09:29 am
20
Jul
2015

La mentira engañosa siempre está a la orden del día. No es la manchita blanca que algunas veces aparece en las uñas. No es la simple mentira. Es el embuste, o sea, una mentira que siempre está acompañada de artificios para engañar. Eso que llaman embustería, para hacerle creer a otros lo que no es verdad. Por supuesto, hay una variedad de mentirosos engañosos que nacen, crecen y se desarrollan de acuerdo a la vida que llevan o a la profesión u oficio que ejercen. Esos, sin hesitaciones, son los embusteros y no se extrañen si algunos son de abolengo.

Hablando de esos embusteros, y sin que esto signifique generar prejuicios e incomodidades éticas, quiero decirles que en el campo de la política, de la medicina, del derecho, incluso de la economía o de cualquier sector de la sociedad, existen esos “ejemplares” embusteros. Pero no todos son malos y creo que los que mienten con la mentira piadosa, en el caso del médico, por ejemplo, que le oculta la gravedad terminal a su paciente para fortalecerle su esperanza de vivir; o la mentira del revolucionario o luchador político ante situaciones de prisión y de tortura para no delatar a sus compañeros; o la mentira caballerosa del que defiende el honor de una mujer, son mentiras que no pueden ser valoradas en ese vocablo y precisan de un neologismo, como dijo alguien por ahí.

Muy distintos son los embusteros perversos de la política o aquellos medios de comunicación como embusteros políticos que llevan un alto grado de peligrosidad, pues su engaño es masivo. De esto último no dejemos pasar inadvertido el tema de los poderes y la comunicación, así como de aquella interrogante: ¿informar a la opinión, gobernarla o manipularla? En fin, el embustero político, si está en la oposición venezolana, por ejemplo, cree que es necesario mentir, engañar y confundir para acabar con el gobierno, dándole valor absoluto a lo dicho por Hannah Arendt de que la política es el lugar privilegiado de la mentira. Aclaro, me refiero al político embustero, porque para él deformar la verdad no le ha sido difícil, y si se conjuga con la mentira mediática estaremos en presencia de partidarios de la catástrofe. Sus mentiras serán “de patas largas” porque falsear la verdad se le convierte en una necesidad recurrente.

 

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