Opinión

Autor: Beltrán Haddad

09:10 am
24
May
2015

Hay cosas que causan indignación, como la corrupción y la noticia agraviante. De la primera escribo con regularidad y siempre debemos tenerla como una denuncia permanente. De la segunda, quiero decirles algo. Cuando el ejercicio de un derecho fundamental, como la libertad de expresión o la libertad de información, incide en el ámbito de otro derecho fundamental, como el derecho al honor o derecho a la dignidad humana o el derecho a la intimidad, se produce un choque de contenidos esenciales donde la prioridad juega el papel determinante. Pero fíjense que en la evolución de esta confrontación la peor parte la ha llevado el derecho al honor o dignidad humana. Lo que en un tiempo fue primacía del derecho al honor, se convirtió luego en una superioridad de los derechos de expresión porque éstos -según se dijo- no solo son derechos fundamentales del individuo, sino que significan el reconocimiento y la garantía de la opinión pública y libre, inexorablemente ligada al pluralismo político. Pero nunca nos imaginamos que esa “ventaja” de la libertad de información iba a convertirse en un aplastamiento del honor y, más aún, en una corrupción de la noticia para vender la mentira y menospreciar y lesionar de cualquier forma la dignidad de las personas e instituciones.

Contra Venezuela se ha desatado desde el exterior un “terrorismo mediático” que tiene como arma principal la mentira insistente a través de la noticia agraviante. Con ella se busca menospreciar, desacreditar, incitar al odio y, por supuesto, desestabilizar, pero siempre utilizando la mentira. Con la teoría de los límites se pensó en una relación de equilibrio y cuidado entre el derecho a la información y el derecho al honor, pero vemos que no es posible cuando son mayores las relaciones de conflicto que genera la noticia agraviante, la que ofende en cualquier orden, sobre todo cuando el deber de informar se desnaturaliza y se vuelve una farsa, un montaje, una manipulación o se convierte en aquella “real malicia” que nació como doctrina en Estados Unidos contra los que hacen la noticia insultante con conocimiento de su falsedad. Ello no quita el principio de que en toda democracia es admisible la crítica a los gobernantes. En Venezuela todos tienen derecho a la libertad de expresión y a la libertad de informar, pero cada quien asume su responsabilidad por lo expresado. ¡Palabra constitucional!

 

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