Opinión

Autor: Roberto Malaver

09:23 am
26
Jun
2015

El 17 de mayo de 2015 se celebraron las primarias de la oposición venezolana en 33 circuitos electorales. Votaron un poco más de 500 mil personas. Dos días después, el 19 de mayo, el ex secretario general de la Mesa de la Unidad, MUD, Ramón Guillermo Aveledo, declaró que “mañana el país conocerá todos los candidatos a diputados de la MUD”. Y fue el 24 de junio, un mes después, cuando nos enteramos quiénes son esos candidatos. Esa ha sido la cultura de la oposición: declarar sin saber nunca cuándo ni cómo va a suceder lo que están declarando. A excepción, claro está, de aquel titular del 11 de abril de 2002 del diario El Nacional: “La batalla final será en Miraflores”, que como todo el mundo sabe, ya estaban bien informados de lo que iba a suceder y por eso lo publicaron. Y dieron el golpe.

También ha pasado que gente de esa oposición nunca se ha querido apartar de esa fracción violenta que llama a La Salida y a las guarimbas; por el contrario, callan, como esperando que triunfen para preguntar después “¿cómo quedo yo ahí?”. Es evidente que, con una oposición así, no se puede ir a ninguna parte y, por lo visto, mucho menos al poder.

Esos partidos de oposición no han asomado ninguna solución. No tienen un proyecto que se discuta. Por el contrario, en los estados donde gobiernan, como es el caso del estado Miranda, donde el gobernador es Capriles Radonski, cuatro veces derrotado como candidato a presidente, es allí donde ocurre el mayor número de asesinatos y secuestros, y la basura abunda por todas partes. Y el gobernador es un turista en el estado.

Ante esa realidad es importante que nazca una oposición distinta. Llena de creatividad. Que abandone guarimbas y figuras y figurones del pasado. Que asuma ideas y las discuta. Esa es la oposición que mucha gente espera, incluso, gente del Gobierno, porque con una oposición que permita gobernar, el país marcharía por otros rumbos; en cambio, un gobierno que tiene que estar pendiente de posibles golpes de Estado, de guerras económicas, guerras mediáticas, guerras sicológicas, así no se puede ejercer un buen gobierno.

Hay una oposición que se está por hacer. Una oposición con talento. Con inteligencia. Con proyectos. Con soluciones, en fin, una oposición que no se parezca en nada a la que tenemos ahora.

 

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