Opinión

Autor: Beltrán Haddad

02:49 pm
07
Feb
2016

En un pequeño aparato llamado “celular” va la vida de cualquier ser humano. Los avances de las tecnologías de la comunicación han creado un teléfono móvil tan penetrante en la vida cotidiana que se perfecciona como el “otro yo” de cualquier mortal. Algo sorprendente por la “adicción” que despierta en quienes no logran vivir sin estar conectados, pegados o “cosificados” a ese celular que llevamos a todas partes.

Observen que la gente ya casi no mira a su alrededor o en dirección de aquellas personas que se mueven cerca para saber si son conocidas o no, para saludar o conversar. Es como si el mundo de la conversación “persona a persona” se estuviera acabando. Las miradas van fijas en los pequeños aparatos electrónicos. En cualquier lugar del planeta donde se encuentre una persona portador de un celular o teléfono móvil, en ese dispositivo va su casa, su oficina, sus negocios, su familia, sus amigos, su privacidad, su intimidad, va su vida.

Ahora, mi pregunta: ¿son suficientes las garantías establecidas en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela para proteger de policías y particulares los datos contenidos en el teléfono celular, su memoria y todo lo allí alojado en privacidad e intimidad? Es un tema que mueve al debate porque si la vida del ciudadano va en su celular; es decir, todo lo que él dice, todo lo que él hace y todo lo que él vive, no sería de poca importancia que un policía le quite el celular para indagar, infiltrar o penetrar su vida privada, íntima o familiar. La Constitución (art. 60) dice que se limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal y familiar de los ciudadanos; y por allá, en el artículo 48, señala que se garantiza el secreto y la inviolabilidad de las comunicaciones privadas en todas sus formas. No podrán ser interferidas sino por orden judicial. Sobre ese asunto se ha dicho en jurisprudencia extranjera que el contenido de un celular y la suma de datos que este contenga pueden ofrecer tanto o más sobre la vida privada de una persona que el registro de su casa. Imagínense lo interesante que sería este debate en nuestro país de avanzada Constitución y donde la vida de cualquiera de nosotros va en un celular, a riesgo de que el policía nos quite ese aparatico sin orden judicial.

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