Opinión

Autor: Carola Chávez

08:35 am
09
Feb
2015

Clara, la de la vida oscura, se pinta las uñas de rosa viejo. Distraída les da pequeñas pinceladas. Mira sus manos, ya no tan tersas pero aun bonitas, elegantes, de dedos largos, relajados… Un melodioso tilín anuncia un mensaje. Se tensa su gesto, se engarrotan sus dedos; sus manos apresuradas se sumergen en su cartera revolviendo todo hasta encontrar la rigidez fría de su teléfono. Lo extrae y lee: “¡Urgente! El gobierno de Maburro quitará la patria potestad a los padres que lleven sus hijos a hacer cola. ¡¡¡Pásalo!!!”.

Clara, fruncida, mira sus uñas arruinadas, amuñuñado el esmalte al contacto con el perolero que lleva en la cartera. Suspira Clara, eleva la mirada al cielo, murmura un “¡hasta cuándo, Dios mío!” y regresa al manicure, al algodón con acetona, al punto de partida buscando el desengarrotamiento dactilar que no llega porque vuelve el tilín insistente, constante: “Ruido de sables: almacena alimentos, agua, velas, pilas. Alerta, vecinos, a la respuesta violenta de los colectivos. ¡Llegó la hora, Venezuela! ¡Pásalo!”.

Renuncia Clara a sus uñas, otra vez la pintura dañada. Baja a la cocina y ve su cacerola abollada en el fondo de un gabinete. Tantos años de golpes de cacerolas que anunciaban el golpe definitivo, el “se va, se va, se va, se vaaa” que nunca fue. Tantos mensajitos advirtiendo que, por fin, llegaba el fin… Irracionales y escalofriantes mensajes que la llenaban de esperanzas porque prometían el fin del miedo, inoculado también a punta de mensajitos, que ya no la dejaba vivir.

Clara mira al vacío, al recuerdo de 15 años de nada. El desgaste de la espera, del “ahí viene el lobo”. Clara, la de la vida oscura, ya no sabe si quiere que venga.

Tuvo al lobo cerca el año pasado cuando unos violentos guarimberos, traídos de Clara no sabe dónde, los secuestraron, a ella y a sus vecinos, acérrimos opositores caceroleros, detrás de una barricada. Tres meses limitada al mínimo su libertad de salir y entrar de su casa en paz, tres meses de un nuevo miedo, tres meses que iban a ser cinco días y, como siempre, no fueron. El lobo se anuncia de nuevo…

Suena el teléfono, Clara mira las escandalosas mayúsculas y borra el mensaje sin leerlo, sin pasarlo… Esa mañana, por primera vez en15 años, en la vida oscura de Clara, entró un poquito de luz.

 

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