Opinión

Autor: Carola Chávez

04:15 pm
15
Jun
2015

Primero te convences, te convencen, de que “las cosas son así desde que el mundo es mundo” y viene la aceptación, la rendición. Sobrevivir en un mundo injusto requiere una enorme dosis de individualismo, “tu futuro depende de ti” y ese nefasto “el que quiere puede” que te clavan en el hipotálamo de modo de que cuando no puedas, cuando alguien no pueda, no vayas a buscar a los verdaderos culpables. Quien no pueda es un maldito conformista, dicen los que se conformaron con que las cosas sean así porque así han sido desde que el mundo es mundo.

Limitadas nuestras capacidades colectivas, fragmentados y rendidos nos sometemos a un poderoso grupo minoritario, vaya que es minoritario que no pasa del 1% de todos nosotros, que sí actúa en bloque, coordinadito, dirigiéndonos la vida al 99% restante, bueno, lo que ellos llaman vida.

Nos muestran el espejismo de lo que debemos querer ser, de lo que podríamos ser y tras él nos lanzamos. Nos vamos cargando de cosas que son nuestras medallas al logro. Medallitas de hojalata que nos cuestan la vida, que cuestan tantas vidas sin medallas, y que pesan como grilletes… ¡son grilletes! Nos refugiamos en momentos y lugares lindos que edulcoran la amarga realidad y nos damos palmaditas en la espalda: ¡Lo estás logrando! No mires hacia allá que te distraes, sigue, que vas bien…

Imaginar un mundo distinto es cosa de locos, y si el loco sueña en voz alta y clara, si sale a construir el sueño despertando a otros del letargo, contagiándolos con las ganas impostergables de cambiar las cosas que no deben ser así, pues, ese loco es un terrorista, porque las cosas son como son, nos dicen, desde que el mundo es mundo.

Almas buenas castradas, vestidas por mano de obra esclava, por niños explotados… almas buenas que no piensan en eso, Carola, no te amargues que uno no puede hacer nada. Uno no puede evitar que haya hambre mientras botamos suficiente comida para alimentarnos a todos. Si no te gusta, si tienes quejas, dona un dólar a una ONG y sigue. Las cosas cosas son como son, así que trágate tu almuerzo de anime transgénico y dale gracias a Dios, mira que en este mundo, comer es un privilegio.

Y dando gracias a Dios por su comida, por su ropa, por sus logros, publican su vida en Facebook dejando su huella idolente en esta historia suicida.

 

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