Opinión

Autor: Patricio Montesinos

10:59 am
15
Dic
2015

En cualquier juego de fútbol u otra disciplina deportiva existen reglas parejas para ambos contrincantes, y árbitros encargados de aplicarlas, sin embargo en la “democracia a la derecha”, que rige la política hoy en el mundo, favorece a un solo contendiente.

Los procesos electorales son lo más parecido a un Campeonato Nacional, en el cual participan dos o más grupos políticos que aspiran a una Copa, en este caso el poder, y por supuesto seguidores de unos y de otros, empero a diferencia de los deportivos el reglamento que impera beneficia únicamente a las fuerzas conservadoras.

En la “democracia a la derecha”, los equipos y los hinchas progresistas están sometidos a una bárbara influencia de los poderes fácticos, dígase los emporios mediáticos financiados y estrechamente vinculados a consorcios multinacionales y a la oligarquía, que son al principio y al final los que imponen las normativas de cada partido.

Las organizaciones de izquierda tienen que rivalizar en ese escabroso escenario, controlado por un sistema económico capitalista, por los medios de comunicación que funcionan como partidos políticos conservadores, y con jueces internacionales parcializados que les marcan tarjetas rojas constantemente, y amenazan con expulsarlas.

El terreno de la competencia para los movimientos progresistas está lleno de obstáculos, trampas y traspiés, además de las constantes injerencias de supuestos árbitros (observadores) extranjeros.

Si logra vencer la izquierda, como ha sucedido en América Latina en los últimos años, tiene que gobernar con el mismo esquema económico de derecha y su “gran” prensa protectora, porque de lo contrario la acusan de incumplir las reglas de la “democracia”, las “libertades”, incluida la farsante de “libertad expresión”, y por supuesto de violar los “derechos humanos”.

Ninguna ley, aunque esté incluida en la Carta de las Naciones Unidas, imposibilita a las potencias extranjeras y otros terceros países a que se inmiscuyan a su antojo en los asuntos internos de ejecutivos y naciones progresistas.

En cambio, los conservadores, cuando consiguen ganar el choque electoral, o simplemente llegan al poder a través de golpes “blandos” o “duros”, pueden hacer lo que les plazca desde el trono, merced las reglas de la “democracia a la derecha”.

Como igual se aboga por un nuevo Orden Internacional, llamado que por primera vez hizo el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, y también se exhorta a reformar la ONU y su Consejo de Seguridad, es necesario modificar el vago concepto de “democracia” que prevalece por sinrazón de los poderosos.

Son los pueblos los que deben escoger su modelo de democracia y gobierno, su sistema económico, y no los ricos o los Estados del Norte injerencistas quienes sigan imponiéndolos.

Cubadebate

 

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