Opinión

22
Jul
2015

El 20 de octubre del 2012 fue el legendario Consejo de Ministros llamado por el mismo Comandante Hugo Chávez el “golpe de timón”. Allí estábamos presenciando un paso de transición para garantizar la victoria definitiva de la Revolución Bolivariana. Nuestro Comandante había ganado (una vez más) las elecciones presidenciales con un 56% y creía necesario, como evidentemente lo era, un reimpulso hacia la eficiencia.

Sabemos bien que la eficiencia en las instituciones del Estado fue una de las grandes preocupaciones del Líder Eterno de la Revolución Bolivariana, y que es una de las grandes preocupaciones de nuestro Presidente Obrero Nicolás Maduro.

En medio de esta guerra económica que la derecha maltrecha sigue sembrando con fuerza día a día, la eficiencia de las instituciones del Gobierno Bolivariano es vital. En la calle estamos luchando, gobierno y pueblo, por defender el legado del gigante Chávez. Cruzarse de brazos es, entonces, un pecado mortal.

Decía Chávez ese 20 de octubre de 2012: “La autocrítica es para rectificar, no para seguirla haciendo en el vacío, o lanzándola como al vacío”. Debemos rectificar a partir de la autocrítica, ese mirarnos a nosotros mismos desde lo constructivo. El pueblo ejerciendo contraloría debe ser escuchado y desde la institucionalidad de la Revolución Bolivariana debemos actuar en consecuencia. Que las denuncias no se lancen al vacío.

También decía Chávez durante el golpe de timón: “Véanse las caras, véanse los ojos en el espejo cada vez que vayan al baño o a donde haya un espejo. Yo de primero”; porque sabía que en nuestros líderes y lideresas, en su voluntad política y fuerza de mando, en su capacidad de escuchar los clamores del pueblo sin miedo alguno, es que se hace posible la construcción colectiva de nuestra victoria definitiva ante los cruentos ataques de una derecha que no descansa jamás.

Para esto es necesario estudiar, leer, reflexionar, escuchar y despojarnos de las miserias humanas para recitificar. Decía Chávez: “¿Cuántas horas le dedicamos al estudio nosotros cada día, a la lectura, a la reflexión? Es necesario que le dediquemos, yo diría que varias horas al día, por encima de todos nuestros compromisos, porque estamos hablando de los elementos vitales de este proyecto”.

Cuando los ataques se propinan desde todos los flancos, es en la unión de pueblo-gobierno donde radica la mejor, la mayor y la vital defensa de la Revolución Bolivariana. Decía Chávez: “Triste es que nos quedemos callados, para que no me llamen piedrero. Aquí no estamos de niños de segundo grado ni de la escuelita primaria, éste es el gobierno revolucionario de Venezuela, ratificado por un pueblo hace dos semanas, pero también muy criticado por un pueblo y con razones, y éstas son algunas de las razones: falta de eficiencia”.

Y para la falta de eficiencia nuestro Comandante Eterno tenía claro cuál era la solución: “Necesitamos un nivel de interacción, de comunicación, de coordinación, de cruzamiento o cruce de planes, de diagnósticos, de problemas, de acción conjunta. Es como una guerra: ¿qué va a hacer la Infantería sola sin nosotros los tanques? ¿Y qué hacemos los blindados sin la Infantería o la Marina sin el Ejército? ¿Qué hace el macho solo o la hembra sola o la noche sola o el día solo, o la raíz sola o las ramas solas? No somos nada, sin integración en la visión, en el trabajo, en todo esto, difícilmente lo lograríamos”.

Como siempre, gracias a su mirada estratégica y a su fuerza amorosa, el Comandante Hugo Chávez nos indica cuál es el camino a seguir. No nos demos la espalda a nosotros mismos. Recordemos siempre nuestro lema: ¡Eficiencia o nada! No nos ahoguemos nosotros mismos en la desidia. Nunca nadie dijo que el camino sería fácil, pero andar de brazos caídos, cada quien jalando para su lado, en pleno momento histórico en el que un paso el falso lo pondría todo en riesgo, es algo imperdonable.

Escuchemos a Chávez, hoy y siempre.

 

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