Opinión

Autor: Arturo Ramos

10:52 am
21
Jul
2011

“Que cada cual cuide de su entierro; no hay imposibles.”

(Frase póstuma de Quincas Berro Dágua, según Quitéria, que estaba a su lado.)

Jorge Amado

En 2008 el gobierno de Alvaro Uribe, con asistencia militar del Departamento de Estado Norteamericano, invadía Ecuador, bombardeando en la zona fronteriza el campamento de las FARC donde se encontraba Raúl Reyes, uno de los máximos líderes de las fuerzas guerrilleras, encargado de las relaciones internacionales. En la operación, realizada en conjunto con la fuerza aérea norteamericana acantonada en la base militar ecuatoriana de Manta, pereció Reyes junto a una veintena de sus combatientes, quienes fueron sorprendidos por el bombardeo mientras dormían, para luego ser rematados con tiros de gracia por las fuerzas terrestres que siguieron al ataque aéreo.

Más que un golpe militar, la acción fue una estocada a las posibilidades de diálogo y salida pacífica a la guerra colombiana, en tanto que el comandante asesinado era el puente y contacto de diversas fuerzas políticas internacionales y gobiernos que intentaban mediar en el conflicto. Junto a la humanidad destrozada de Reyes, fueron exhibidos los supuestos restos de Julián Conrado, cual trofeos bárbaros en la evidente intención de desmoralizar y dejar clara la respuesta a todos aquellos que osen desafiar el poder imperial. Imposible no recordar la sonrisa de satisfacción de los generales colombianos que escoltaban a Santos quien, en rueda televisiva anunciaba eufórico, la macabra acción.

No obstante, al triunfalismo inicial del gobierno uribista sucedió el ridículo y la infamia. Resulta que el cadáver exhibido como de Julián Conrado era en realidad el de un ciudadano ecuatoriano. Detalles del bochorno pueden leerse en http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?4320. Deseos no empreñan, pensé entonces, mientras me consolaba con la pequeña satisfacción de ver como se le empañaba el clamor de victoria al gobierno uribista, una vez descubierta la mentira mediática y con la enérgica respuesta de los Presidentes Chávez y Correa. Mil decesos anunciados tuvo Manuel Marulanda, antes de morir por causas naturales en la selva. Una y otra vez la gusanera mayamera ha festejado en las calles la muerte del comandante Fidel y allí está, presente como nunca. Luego de la certeza de la enfermedad del Comandante Chávez, la oposición venezolana tuvo que beberse la champaña en un despecho, cuando este regresó una madrugada repuesto y tan vocinglero como siempre. Hace poco el gobierno de Santos anunció la muerte de Alfonso Cano. Pero ya se sabe, deseos no empreñan.

La precipitación y ligereza de Uribe y Santos -para entonces Ministro de Defensa- en anunciar la muerte del cantante se entiende por, además de la costumbre de mentir y propagar falsedades con frecuencia para justificar su paranoia genocida, la importancia que tendría el suceso en el plano simbólico. El arte tiene la privilegiada condición de profetizar el futuro, de alentar un mejor porvenir, de denunciar con belleza -o alegría- los peores horrores. Hace 70 años, el talento sin parangón de Charles Chaplin hizo el más formidable alegato de todos los tiempos en contra del capitalismo en su película Tiempos Modernos. Picasso, con el Guernica, denunció el paroxismo nazi que se ensañó con el pueblo vasco y que años después terminaría con millones de víctimas en los hornos crematorios. Para que se me entienda mejor quisiera recordar lo que durante años significó para los venezolanos el canto de Alí Primera, en un momento en que el 90 % de los votantes ratificaba cada cinco años a los gobiernos de derecha. Las armas pueden dejar de traquetear en los momentos de desencanto, retirada y derrota, pero el talento artístico y los cantos perviven, multiplicándose por mantener en alto la esperanza.

El general Bonet (hoy Gobernador designado de Magdalena) logró más fama por una tonadilla satírica que le dedicó Conrado que por su mediocre desempeño guerrerista contra la insurgencia cuando fue Comandante de las Fuerzas Armadas colombianas. De nada le valieron al militar bombas, batallones, asesinatos y las ínfulas con las que prometió acabar con la guerrilla: una simple, pero ingeniosa melodía bien cantada lo inscribió en la historia del hazmereír popular como el “general cagón”. Ciertamente, como sentenció Mao, el poder se conquista y sostiene con la punta de los fusiles, (¡Nunca olvidemos esto, compatriotas, que el enemigo también lo sabe!), pero para que eso sea posible las guerras han de ganarse primero en las conciencias y presagiarse con los cantos. En Colombia, como diría el bardo español Miguel Hernández, “hay ruiseñores que cantan, encima de los fusiles y en medio de las batallas”. Por eso la saña de los opresores en liquidar a Conrado. Por eso los 2.500.000 de dólares que ofrece el gobierno imperial por su cabeza. Los que deseen acceder a la copiosa producción discográfica de este artista en mp3 pueden acudir a este enlace: http://www.resistencia-colombia.org/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=34&Itemid=65 o http://portalmusic.vampire-legend.net/t116-varios-discos-de-julian-conrado y si quieren disfrutar un video de reciente edición, donde Julián explica y canta su compromiso de vida pueden ir a http://www.dailymotion.com/video/xjfbwi_julian-conrado-habla-y-canta_news

La última muerte de Julián Conrado

El 1 de junio el gobierno venezolano anunció la captura del trovador guerrillero. Santos, desde Colombia, celebraba el hecho agradeciendo a Chávez la “operación que realizó el gobierno venezolano, con ayuda de las autoridades colombianas”. El comentario, que debió ser bastante incómodo para el gobierno venezolano, expresó claramente la mutua cooperación entre los dos Estados en la lucha contra las fuerzas guerrilleras. Ya antes había sucedido con otros combatientes entregados (no solo de las FARC sino también del ELN), así como en el caso del periodista Pérez Becerra.

Hoy, 20 de julio, Julián Conrado sigue desaparecido. Gracias a militares bolivarianos, que los hay y muchos, sabemos que está en la Dirección de Inteligencia Militar en Boleíta (DIM), en Caracas. Aislado, sin visitas de familiares, amigos o abogado alguno. Sin la asistencia legal ni médica que también requiere, mientras sobre él pesa la solicitud de extradición del gobierno colombiano para ser enviado a Estados Unidos. Tiene problemas de salud; hay constancia de ello en un módulo de “Barrio Adentro” de Barinas, donde llegó clandestino a nuestro país, buscando refugio de paz, para tratarse una dolencia prostática (ni de vaina se iba a ir a Miami, Lima o San José de Costa Rica, donde termina refugiada la canalla apátrida que ha conspirado contra la revolución bolivariana.) Es de suponer la angustia y el abatimiento del cantor a estas alturas, luego de que el gobierno y la revolución que tanto defendió en sus canciones lo sepulta en vida, dibujándole como mejor perspectiva la entrega al gobierno del Santos que bombardeó Ecuador y corrompió la conciencia patria ciudadana, pagando un millón de soplones para acabar con la insurgencia revolucionaria. Santos, el mismo que facturó falsos positivos en serie y armó planes para invadir militarmente a Venezuela.

Comprendo los virajes de la política exterior de Venezuela (y comprenderlos no es compartirlos) pero ceder al chantaje y las presiones que, sin duda, en este momento aplica el gobierno de Colombia para apurar la entrega es declinar los principios más pregonados por la revolución bolivariana: soberanía, autodeterminación, integración latinoamericana-caribeña y solidaridad con los oprimidos. También entiendo el enredo del gobierno venezolano luego del escándalo y las adhesiones perdidas por el vergonzoso caso Pérez Becerra. Un enredo más político que legal puesto que basta darle una lectura a la Convención de Ginebra para asistir, con derecho bien fundamentado, al compañero Conrado y otorgarle el status de refugiado. Lo contrario es asumir que en Colombia no hay guerra civil. Que no hay muertos ni desaparecidos. Que no se han descubierto fosas comunes ni hay 7500 presos producto del conflicto armado. Lo contrario es que el gobierno bolivariano refrende, de manera definitiva, la política imperial, como ya asomó en el caso Pérez Becerra y las entregas anteriores. Estaría Venezuela, por primera vez en sesenta años, tomando partido en el conflicto interno colombiano. ¡Las vueltas que da el mundo, damas y caballeros!

Esta nueva muerte de Julián Conrado va acompañada de agravantes que nunca llegué a imaginar. Veamos.

1.- Al silencio oficial se suma el de algunos compatriotas, hoy relevantes figuras de la revolución bolivariana. Del lote citaremos dos: Fernando Soto Rojas, dirigente del MIR y luego de la Organización de Revolucionarios (OR); Alí Rodríguez, dirigente de Partido de la Revolución Venezolana (PRV) y luego de Tendencia Revolucionaria. Ambos vivieron en carne propia las vicisitudes de la lucha armada, con lo que esto significa en lo que se refiere a identidades falsas, “antiparabolismo” de las fronteras nacionales y cuerpos represivos pisándoles los talones. ¿Qué pensarán de todo este asunto? Expresar de manera abierta el disenso no debilita sino que fortalece con más democracia el liderazgo. ¿Será que ninguno de ellos es capaz, en honor a sus audacias juveniles y convicciones (o lo que quede de ellas), de advertirle al comandante Chávez el grave error que se comete?

2.- El silencio y la falta de solidaridad cómplice de buena parte de los cantores y trabajadores culturales, muchos de ellos con acceso a los medios informativos estatales o vocería en escenarios y colectivos de lucha. Por fortuna, otra parte de ellos ha asumido con entereza la solidaridad con el compañero desaparecido, organizados en la Coordinadora “Que no calle el cantor”.

3.-La ausencia de debate e imposición de censura en el seno del PSUV, donde existe confusión, cuando no el abierto desacuerdo con el secuestro del cantor colombiano.

La dirección del partido recuerda el famoso relato de Jorge Amado, La muerte y la muerte de Quincas Berro Dágua, en el que una familia deuda, presumiendo de la honra y el buen nombre, reniega de la existencia misma de un familiar finado y de sus borrachines amigos del alma. En pleno sepelio, los camaradas bohemios de Quincas lo sacan, llevándolo al mar. “Me entierro como yo quiero y en la hora que resuelvo. Pueden guardar su cajón para mejor ocasión…” Fueron las últimas palabras de Quincas, según Amado. La familia de Quincas se preocupaba por el buen decir callejero; la dirección del PSUV de no contradecir al Comandante y cuidar su status. Y tal como los panas del personaje ficcionado en la novela brasileña, un grueso importante de la militancia, desea que Julián muera como le venga en gana. Seguramente la crítica no hará efecto a quienes va dirigida, aun así les recomiendo la lectura de la citada novela en http://es.scribd.com/doc/6810155/Amado-Jorge-La-Muerte-y-La-Muerte-de-Quincas, “pequeña y sabrosa como una aceituna” como la presenta el genial escritor en su epígrafe; les aseguro que dice más sobre el caso que todos los medios oficiales o gobierneros juntos desde el pasado junio.

4.- El evidente trabajo de los cuerpos de seguridad e inteligencia del Estado colombiano y, muy probablemente de la CIA y el MOSAD, en territorio venezolano. Solo así se explica que hayan suministrado al gobierno bolivariano el sitio exacto de la ubicación de Conrado. No es de dudar, incluso, que el aparato gubernamental venezolano (plagado de reaccionarios y funcionarios corruptos) esté infiltrado por agentes informantes de gobiernos adversos o enemigos. Caben las preguntas: ¿Dónde vivirá el cazarecompensas que denunció al cantante preso, en Colombia o Venezuela? ¿O acaso será un botín compartido?

5.- Un grave relajamiento de las medidas de seguridad necesarias en las revolucionarias y fuerzas progresistas colombianas, que facilita la infiltración y ubicación por parte de los organismos represivos, posibilitando de manera precisa el éxito en el aniquilamiento o captura de importantes dirigentes o militantes adversos al régimen genocida. Al descuido en materia de seguridad se suma el avance y entramado tecnológico de que disponen hoy las fuerzas policiales y militares: sistemas de ubicación geoestacionarios, intercepción telémática y radiofónica, coordinación internacional, seguimiento satelital…

6.- Por último, esta muerte de Julián es acompañada por algunos corifeos cagatintas, en la inútil intención de defender la entrega de revolucionarios. Algunos, rastreros y absurdos hasta la vergüenza y que por decoro no identifico, nos dicen: “…Si no terminan de hacer la revolución, entonces no pretendan crear dificultades a quienes la están haciendo…”, refiriéndose a los camaradas colombianos o, esto otro, “¿Es la entrega o no de unos camaradas (por cierto, colocado siempre como “la gota que derrama el vaso” en el supuesto derrumbe del proyecto) lo que define la calidad y solvencia ética de un proceso revolucionario cuya eficiencia en salvar, no a miles, sino a millones de venezolanos y latinoamericanos del hambre y la miseria es absolutamente irrefutable?”, para justificar la medida con una retórica adulante que repugna y tergiversa deliberadamente los argumentos en contrario. No merecen respuesta.

Hay los que, con alguna elegancia, acudiendo al discurso teórico, se despepitan en darle vuelo a las razones de los cambios en las relaciones internacionales del gobierno bolivariano. Tal es el caso de Luis Bilbao quien se acerca a la médula del asunto en un artículo cuyo título enuncia la falsa dicotomía planteada con las entregas: “Estrategias en colisión, vía institucional o guerra prolongada “…Puede leerse en http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1190. Este articulista, con pretendida profundidad, establece la contradicción presente entre el camino del gobierno venezolano y el de la insurgencia colombiana para lograr el socialismo. Dilema interesante pero que adolece de agregados importantes que ha legado la historia: la combinación de las formas de lucha y la identificación del enemigo principal a vencer. Así cite a Marx, Engels y al mísmisimo Padre Celestial, no convence a nadie semejante estroncio discursivo. El articulista, marca distancia con las entregas del gobierno venezolano pero se emplea a fondo en una justificación política de las mismas. Basta leer la carta sencilla, diáfana y concreta que suscribieron un grupo de llamados intelectuales y los que, el che Bilbao, pretendió refutar en su escrito para que quede en evidencia el entuerto ético que pretendió colar, a fuerza de citas ilustres y maromas verborreícas. La protesta de estos escribidores revolucionarios, encabezados por Metzaros y Petras, podemos repasarla en http://www.aporrea.org/venezuelaexterior/n182266.html. A Bilbao, como a todos aquellos que buscan embarullar especulativamente el tema, no queda más que responderles: el gato tiene y tendrá siempre cuatro patas o, mejor, a ver si lo entienden en vox populi que, además de ser la voz de Dios, siempre ha sido la mejor voz de las revoluciones: EL QUE LE PEGA A SU FAMILIA SE ARRUINA. ¿Necesaria más claridad?: ninguna argumentación justifica que una verdadera revolución entregue revolucionarios al enemigo. ¿O es qué ahora se nos olvida que la guerrillerada colombiana, a pesar de los dilemas y nuestras críticas, tiene casi sesenta años reivindicando a Bolívar?

Terrible defunción la que le toca esta vez a Julián Conrado, pues a la vez mueren fundamentales principios, solidaridades que debieron ser obvias y la confianza en personas que muchos considerábamos honorables y consecuentes.

En positivo, es justo señalar que el cantante ha despertado simpatías y apoyo de manera automática y creciente, proporcional al silencio que se quiere imponer. ¡No siempre se conoce a alguien que hace de la muerte una costumbre!

Epílogo

No queda más que exhortar a las autoridades venezolanas a restituir los derechos que insólitamente le están siendo negados a Julián Conrado; con los altos principios que en el Rodeo II garantizaron el respeto a los derechos humanos y con las mismas garantías de defensa y comunicación con familiares y abogados que tiene el narco Walid Makled y tuvo el fascista Peña Esclusa, recién liberado (por razones cristianas y el llamado del Presidente, supongo) y que, veremos, seguirá en la manía terrorista y conspiradora hasta su último aliento. Los ejemplos no tratan esta vez de establecer comparaciones pero si un inquietante contraste ¿En la Venezuela bolivariana a los delincuentes los asiste el pleno derecho mientras que los revolucionarios seguimos condenados a la ignominia represiva del puntofijismo? El mundo al revés, como diría Galeano, pensarán algunos. Pero no, tampoco es deseable que a confesos delincuentes o terroristas se les de el trato que al guerrillero indefenso. Se pide que, simplemente, a Conrado se le aplique el mismo tratamiento, respetando las leyes vigentes y con la deferencia que merece quien ha vivido jugándose el pellejo por defender justas causas -entre ellas las del gobierno bolivariano y el Presidente Chávez- como el que más.

Sólidas razones éticas, políticas y legales, superiores a cualquier cálculo circunstancial que pudiera hacerse a favor de la geopolítica, existen para concederle refugio político a Conrado. Por si hay dudas jurídicas es recomendable leerse este trabuco, http://aporrea.org/actualidad/a127024.html

Por último, imprescindible un llamado al Presidente Chávez, en lucha por reponerse del todo y quien, como lo expresó, vive un indudable proceso reflexivo: ¡Comandante, Julián Conrado no debe ser entregado a la jauría por la patria de Alí Primera! Lo contrario serían consignas huecas y amores sin sentido.

Y usted siga tranquilo cantante, sea cual sea el desenlace, ya que es experto en esa lid de morir para renacer revolviendo con su canto las hieles de la oligarquía y sabe bien que, como dijo ese otro poeta español Lope de Vega, la muerte es cobarde para los que no la huyen y animosa para los que la temen.

Fuente: Arturo Ramos R.

 

Comentarios

06:06
Vladimir Antunez dijo:

Buena vara la del que escribió esta denuncia!

 

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