Opinión

Autor: Beltrán Haddad

11:28 am
20
Abr
2015

Es necesario recordar el pasado. Recordarlo, sí, como lo dijo Eduardo Galeano: “para liberarnos de sus maldiciones, no para atar los pies del tiempo presente, sino para que el presente camine libre de trampas”. A su memoria invoco esta maravillosa idea, que digo tropológica, de imaginar y considerar el pasado para entender nuestras propias realidades. No se trata de un simple pasado, sino de marcar -como también se ha dicho- el papel desempeñado por el carácter histórico del hombre. El hombre lo que lleva en sí es una carga de historia que muy difícil podrá quitarla, ignorarla o enterrarla. No se puede apartar la historia a un lado. O mejor, el pasado hay que recordarlo siempre para “liberarnos de sus maldiciones”.

Hace poco escribí sobre la izquierda histórica, y fue algo que recordé rastreando memoria sobre aquellos luchadores de la izquierda venezolana que ya no están. Los que en vida sintieron que había para ellos un puesto en las filas. Nombré algunos, pero son muchos los Eleazar Guevara, Omar Meza y Américo Silva, hombres y mujeres buenos de la vida, conocidos y desconocidos. Falta por escribir esa historia, la que viene desde 1945 hasta nuestros días, los días de Chávez, sin olvidar a los “nadies” o los “ninguneados” de cuya realidad nos habla Galeano. Es impensable un futuro de país sin la conciencia histórica o sin lo que algunos llaman “trama” de la historia o el “continuo histórico” del que hace mención un viejo libro de filosofía.

Pero hablemos del pasado, porque en este país hay personas en política que no quieren recordarlo para no delatarse. Les sucede lo que sucedió en Alemania cuando hubo la necesidad de revisar la vida y obra de famosos juristas que habían tenido un papel destacado en el nazismo pero que posterior a esa barbarie continuaron desempeñándose como si nada hubiese ocurrido. Se dice que había necesidad de conocer el pasado y superar los misterios con que se guardó el pasado nazi de esos juristas, cuyas obras más comprometidas desaparecieron de bibliotecas o fueron “encerradas” en los sótanos de las facultades de Derecho en lo que se llamó el “armario de los venenos”.

Es necesario conocer el pasado para que el presente camine libre de trampas, sigue diciendo Galeano. ¡Buena la advertencia!

 

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