Opinión

Autor: Beltrán Haddad

12:01 pm
02
May
2016

Llegó mayo. Hace 48 años las calles de París se convirtieron en inmenso foro o ágora donde todos, contados por miles y miles, llevaban el arma de la imaginación. Sin “orden del día” se formó aquella artillería de la palabra para cuestionar lo que había que cuestionar. Nunca en la historia de la humanidad una violencia creadora supo expresarse tan maravillosamente contra un poder que insistía en propugnar la sociedad en la que hoy vivimos, enajenada por el consumismo, deshumanizada y mantenida por una ficción de igualdad entre desiguales. Eran momentos de crisis y se hablaba de revolución. Se decía que la sociedad enajenada debía desaparecer. Era una conciencia colectiva que se había levantado en posibilidades. Nadie se prohibió nada y todos le dieron vida a la conversación. En los muros y paredes la palabra de Heráclito, Marx, Rimbaud, Bretón, Unamuno o el Che, pero con mucha pasión se expresó el estudiante, el obrero, la oficinista, el poeta o el adoquín lanzado para liberar las ganas reprimidas de cada hombre o de cada mujer de decir lo que sentía, o quizá de interrogar.

El mayo francés de 1968, inconcluso, dejó escrito con esa plasticidad de la palabra que nada es difícil o imposible: “Lo difícil es lo que puede hacerse enseguida, lo imposible es lo que toma un poco más de tiempo”. Bien vale medir con la atractiva advertencia la situación del país y los momentos tormentosos por los que pudiera pasar la revolución bolivariana. Por más pacífica y legalista que sea, una revolución tiene sus tormentas y hasta puede llegar a tener sus escaramuzas, sin descartar la batalla. Las revoluciones se pierden cuando son abandonadas o traicionadas. No las mata la contrarrevolución. En este momento de escasez, de acaparamiento y especulación, de la guerra del “dólar today” contra nuestra moneda, de la manipulación mediática, de la baja de los precios del petróleo y de las ansias golpistas de un sector, no podemos caer en la desesperación, en el pesimismo o en derrotismo. Lo difícil de esta revolución ya se hizo con Chávez, pueblo y Fuerza Armada. Lo imposible es lo que está por hacerse y llevará un poco más de tiempo, pero se hará con toda certeza cuando comiencen a recoger las piedras que se lanzaron y se haga efectiva la unidad. Lo imposible ya puede comenzar.

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