Opinión

Autor: Earle Herrera

09:31 am
20
Feb
2015

A diferencia del yanqui, el imperio romano tenía el circo, pero carecía de Hollywood y CNN. Esta industria permite a EEUU globalizar el espectáculo de la muerte. La última función nos la brindó Hillary Clinton, cuando Muammar Gadafi fue martirizado en público, asesinado y exhibido su cadáver en una cava de carnicería durante una semana. La señora Clinton celebró, precisamente parafraseando al emperador Julio César: “Veni, vidi… está muerto” (We came, we saw, he died), y cerró con una sonora carcajada sin risa ni sonrisa.

Antes, el Pentágono había transmitido la captura, humillación y ahorcamiento de Saddam Hussein, en un show macabro repetido ad nauseam. En el mismo formato, en vivo y directo, la Casa Blanca transmitió la caza y asesinato de Osama Bin Laden, con Obama y misia Clinton, otra vez, en la primera fila de aquel teatro privado proyectado al mundo en tiempo real. El fin es acostumbrar al planeta a esta película, hacerlo partícipe del show y cómplice de la ejecución. Un día, cualquier invitado virtual de cualquier país de la Tierra, puede protagonizar el papel de “malo” en el film, con todo lo que ello implica en la realidad.

Nada más trágico que cuando un imperio ensaya la risa. A raíz de la aplicación a Venezuela de una ley gringa, el presidente Maduro denunció la intromisión imperial en nuestros asuntos internos. La Casa Blanca calificó de “risible” la acusación venezolana. Luego, desarticulado un intento de golpe, el Departamento de Estado tilda de “ridículos” los señalamientos que lo involucran en la conspiración, a pesar de que el jefe de inteligencia del Pentágono, general Vincent Stewart, “profetizó” que en Venezuela se desatará una “ola de violencia”.

La banalización de argumentos y pruebas en contra es un viejo recurso imperial. Lo copian y replican los medios nacionales a su servicio. Lean El Mercurio de Chile los meses previos al derrocamiento de Allende. Luego viene la carcajada inánime que “llega en las tinieblas”, y detrás de la cual, para decirlo con León Felipe, “hay un rictus de espanto / una boca epiléptica / una baba amarilla / y sangre… sangre, y llanto”. La risa es un acto humano y los gorilas, lo dijo Zapata en caricatura memorable, “descienden de la CIA”.

 

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