Opinión

26
Nov
2015

El presidente electo de Argentina, Mauricio Macri, pateó el tablero regional al convertirse en el primer exponente de la “nueva derecha” latinoamericana en acceder al gobierno de su país, algo que aún no pudieron hacer Henrique Capriles (Venezuela), Aécio Neves (Brasil), Mauricio Rodas (Ecuador) y Luis Lacalle Pou (Uruguay), los otros exponentes de este espacio político aún en conformación. Esto, más allá de significar un cambio concreto en la actual correlación de fuerzas -que aún sigue teniendo un fuerte peso de líderes de extracción nacional-popular, progresistas y de izquierda- también abre discusiones nuevas en el plano regional, donde Macri apuntará, tal cual dijo, a intentar converger con la Alianza del Pacífico, pretendiendo asimismo avanzar en un acuerdo de libre comercio con la Unión Europa.

Hay un punto adicional de la propuesta de Macri que ha tomado carácter público reiteradas veces en las últimas semanas: la posibilidad de aplicar la denominada “cláusula democrática” del Mercosur a la República Bolivariana de Venezuela. Aquí hay varias cuestiones a repasar, ya que el tema ha dado lugar a diversos debates en nuestros países. En primer lugar, dar cuenta que sólo la interrupción del orden democrático en un país del bloque permite aplicar dicha normativa. Un ejemplo claro, concreto, fue el Paraguay de Federico Franco, quien tras el “golpe parlamentario” a Fernando Lugo fue retirado del Mercosur por el resto de los integrantes, retornando tras la votación que consagró a Horacio Cartes como presidente.

Luego hay otro punto a atender: más allá de la opinión que se pueda tener sobre la política interna de Venezuela, y sobre los hechos que determinaron la prisión de Leopoldo López tras las violentas “guarimbas” de la oposición en 2014, nadie puede dudar que el país caribeño realizó 19 elecciones desde la llegada de Hugo Chávez al poder, ganando en 18 oportunidades. Este es un dato objetivo, refrendado por observadores internacionales que, invitados por el oficialismo y la oposición, pueden dar cuenta de aquello. Y ahora aquel país se apronta a ir a elecciones legislativas el próximo 6 de diciembre, con todas las miradas de la región (y muchas del mundo) posadas sobre Caracas, en una elección que, salga como salga, tendrá repercusiones tanto internas como externas.

Ahora bien, ¿encontró Macri apoyo en el resto de los países del Mercosur para avanzar en una hipotética aplicación de la “cláusula democrática” que permita separar a Venezuela del bloque? La respuesta es, por el momento, no. El primero que se posicionó contra la propuesta del presidente electo fue Uruguay, quien a través de su canciller Nin Novoa expresó que “estamos lejos de una alteración en el orden democrático en Venezuela”. A su vez, Brasil espera que Macri no lleve el tema a la próxima cumbre del Mercosur -que se llevará a cabo el 21 de diciembre en Asunción- tal como afirma el periodista Marcelo Falak, especializado en la relación Argentina-Brasil, en un reciente artículo publicado en su blog. Allí Falak cuenta que el canciller brasilero Mauro Vieira, en su visita a la Comisión de Relaciones Internacionales del Senado de Brasil días atrás, manifestó que hay que esperar las próximas elecciones en Venezuela y que “no se puede juzgar a priori” lo que allí suceda.

Y Paraguay, que podría ser el “socio natural” de Macri en su aventura, también se mostró, a priori, con un apoyo más bien tibio. Si bien su canciller, Loizaga, dijo que va a “tomar nota” de la propuesta en relación a Venezuela, también afirmó estar “convencido” de que las elecciones venezolanas “se van a realizar en el marco legal, aprovechando la participación general de todos los ciudadanos y el respeto a los resultados”, tal como declaró a los medios de comunicación. Es decir: Macri no ha encontrado, por el momento, ningún apoyo explícito a su pedido.

En este punto, entonces, surge el interrogante sobre como seguirá el tema. Diversos analistas dan a entender que lo que busca el presidente electo argentino con estas declaraciones es mostrar su apoyo a la Mesa de Unidad Democrática (MUD), que buscará arrebatarle al PSUV la mayoría legislativa en la Asamblea Nacional (diputados y senadores) en una elección que será voto a voto. De acuerdo con esa lectura, Macri no seguiría con su propuesta una vez que pase aquella elección. En definitiva, Brasil espera que las palabras no se concreten, para no afrontar el “dolor de cabeza” que significaría tener que rechazar la propuesta argentina, principal socio comercial del país conducido por Dilma Rousseff. Las propias elecciones del 6D en Venezuela, junto a la asunción de Macri -con las responsabilidades institucionales que ello implica tras la verborragia de la campaña-, serán elementos que permitirán comprender mejor si la propuesta del presidente electo argentino es viable o no. Por el momento, hasta el propio Paraguay pone paños fríos sobre el tema.

RT

 

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