Opinión

Autor: Asalia Venegas

07:52 am
20
Ago
2015

Los ilícitos cometidos por las agencias transnacionales de la información son de larga data. Cuando se habló del fenómeno de la globalización, ya las agencias tenían tiempo enredando la verdad, en la defensa de un statu quo que siempre ha sido su norte, el del capitalismo altamente industrializado. El desarrollo de la sociedad no ha estado exento de conflictos, confrontaciones de todo tipo, problemas raciales y religiosos. Pero el punto nodal lo ha puesto el expansionismo de los contextos hegemónicos.

El secuestro de la verdad, la distorsión de los hechos y la manipulación de la información -a escala planetaria- han sido denunciados por diversos investigadores de la comunicación desde hace más de seis décadas, entre ellos: Eleazar Díaz Rangel, Ignacio Ramonett, A. Mattelart y hasta Marcelino Bisbal escribió el libro Nicaragua: un caso de agresión informativa.

El panorama se tornó más complejo cuando las agencias se cartelizaron -finales del siglo XIX y comienzos del XX-. El estallido de las guerras mundiales incidió de una manera puntual en el tamiz para ese manejo de la información por parte de los aludidos consorcios. La presencia del nazifascismo en Europa y la división de los bloques de poder, una vez concluida la II Guerra Mundial, marcaron la senda de dominio informativo que transitarían.

La confrontación Norte-Sur dio vida a la categoría de Pueblos sub informados que trabajó Díaz Rangel, que caracteriza la condición de rezago informativo que privó durante mucho tiempo en estos contextos. La impronta CNN o la llamada matriz CNN es la versión del hecho noticioso que difunde esa corporación informativa, sin apego a la verdad y sin un ápice de respeto a la ética. Eso no se distancia mucho del planteamiento de Hearst cuando les dijo a sus reporteros: “Mande Ud. la foto que yo pongo el texto”.

Después de que la versión -manipulada- de un hecho se difunde a escala mundial, no vale rectificación. No ha habido confusión o error en esa primera versión divulgada, sobre todo en el caso de CNN que tiene un amplio prontuario en esta materia. En nuestro continente -por los procesos emergentes que se viven-, Ecuador, Argentina, Bolivia, Brasil y Venezuela son objetos preferidos en la mira de esta agencia, especializada en distorsionar la verdad.

 

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