Opinión

Autor: Augusto Hernández

12:09 pm
28
Feb
2011

Mi participación en una huelga de hambre debió pasarle desapercibida al niño Hugo Chávez, quien para entonces tenía 8 años de edad. En cuanto a Tarek El Aissami, tal vez no había nacido. El evento tuvo lugar en el auditorio de Humanidades de la UCV y el año era 1962.

La fulana huelga de hambre estudiantil a favor de los presos políticos durante el gobierno de Betancourt duró 10 días y combinó voluntarios de la Juventud Comunista, el MIR y Vanguardia Juvenil Urredista, a la que yo pertenecía. Desde luego, no tuvo eco en los medios de comunicación ni trascendió ante la OEA o los organismos de derechos humanos que para la época, si acaso existían, no se involucraban en tales vainas.

Lo que tampoco ocurrió fue que nos visitara el ministro del Interior, pues de haberlo hecho sería para encarcelarnos, cosa que luego le aconteció a participantes como Juvencio Pulgar. A la postre, nadie acudió a negociar con nosotros ni a mostrar preocupación.

Ahora, por lo visto, las cosas son muy distintas y este régimen “dictatorial” no es tan fiero como lo pintan. No califico de mentiroso a nadie, pero tras 10 días sin comer, los huelguistas de aquella época salimos tan debilitados que algunos días más nos habrían causado serios daños, pero es posible que no estuviésemos tan bien nutridos como los jóvenes de ahora.

En todo caso, intento entender lo ocurrido con los protestatarios de la alta sociedad civil para aplicar dicha experiencia a metas revolucionarias, que pudieran ser más apreciadas por las autoridades nacionales.

Así pues estoy considerando seriamente declararme en huelga de hambre para lograr que, al menos en Nueva Esparta, la dirigencia del Psuv sea elegida directamente por la base. De paso, incluiré otra petición para que los candidatos a cargos de elección no sigan siendo impuestos desde arriba por el método del dedo.

A título personal, solicitaré que me den la fórmula para que el IVSS me incluya en sus listados, pues mi cédula no aparece y no hallo quien me brinde explicaciones.
Finalmente, como ñapa, le pediría a Chávez que visite Margarita con más frecuencia, aunque sea para comerse un buen sancocho e’ pescao.

 

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