Opinión

Autor: Carola Chávez

10:21 am
17
Ago
2015

Ahí, con la espalda tiesa, mentón en alto… medio en alto, la verdad; con su franelita blanca, copetico azul, simplicidad chic pensada para igualarla un poquito hacia abajo, para darle un pulido look de señora que hace mercado, un look “yo soy como tú”, dirigido a señoras que no quieren ser como ellas mismas sino como María Corina. Ahí, ya sin la sonrisa beatífica de quien conoce la verdad suprema, con el gesto desencajado, frente a una periodista complaciente hoy obligada hacerle la pregunta más incómoda: ¿por qué la MUD inhabilitó su voz? Ahí vi a María Corina, la de los discursos estudiados hasta el último pestañeo, la que era capaz de blandir con convicción las frases más delirantes, empezar a titubear.

¡Diosdado! Es culpa de Diosdado, afirmó buscando una vía de escape, pero retumbaban las palabras de Chúo y esa sonrisita de placer, de cierta venganza con la que las pronunció, así como pronuncia él, con cuidadito para que no se le escape una ordinariez cochino-de-Troyamente; “ni el Papa nombra a su sucesor, señora Machado”.

La periodista, urgida de una respuesta, insistió. María Corina, sintiendo la muerte chiquita de la humillación, que es hasta peor que la mismísima muerte, respondió con labios rígidos: “Esa pregunta se la tiene que hacer usted a la MUD”.

Entonces supe que ella, igual otros líderes opositores caídos en desgracia, también se lo había creído, que no entendió que es un producto más de una factoría creadora de “liderazgos” tan diversos como ridículos. De donde salió la candidatura estrepitosa del Conde del Guácharo porque algún think tank dijo que su cogote se parecía al cogote de Chávez. De donde salió el “¡Flaco bello, te amo!” -que ahora odian a muerte-, y el Leopoldo tataranieto de Bolívar -con el cuadro del tatarabuelo arrumado en el baño- y el Leopoldo Mandela que, teniendo teléfono con Twitter, filtra a la calle papelitos clandestinos con mensajes que no dicen nada. De ahí salió María Corina, la mujer que, modo de concha de mango con cara de yo no fui, provocaría y expondría al brutal y machista que Chávez nunca fue.

Productos creados para el engaño, la intriga y la zancadilla que, fieles a su esencia, se devoran unos a otros ¿con qué más? Con engaños, intrigas y zancadillas; y esta vez le tocó a ella. Nada nuevo bajo el sol opositor.

 

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