Opinión

Autor: Augusto Hernández

12:32 pm
11
Ene
2012

El caso de las lolas marca PIP, fabricadas por una empresa francesa, ha provocado una ola de senofobia entre miles de venezolanos y algunos extranjeros igualmente indignados. Ante esta lamentable situación las portadoras de las pechugas parisinas han decidido no aguantar mamaderas de gallo pues se trata de un asunto harto delicado que puede terminar desinflándoles la autoestima y excluyéndolas de las grandes ligas, impidiendo que los beisbolistas profesionales les paren pelotas. Esto las excluiría de un productivo mercado, con repercusiones entre basqueteros y futbolistas, acostumbrados a los balones de buen tamaño.

Como es bien sabido, el volumen de las que te conté determina ciertas jerarquías donde naturalmente influye la talla, la condición de morochas idénticas, la dirección adonde apuntan y la resistencia ante la fuerza de gravedad.

Los factores mencionados son como si dijéramos la punta del iceberg, pues, debajo de cada escote reposan masas de tamaño insospechado y no precisamente heladas, sino temblorosas de emoción.

Desde luego, la irresponsabilidad de la empresa francesa nos abruma por su falta de ética en un negocio donde una lola averiada o de mala calidad provoca justas demandas de las féminas indignadas, como es el caso actual.

Sin embargo tal parece que este penoso asunto va más lejos todavía, pues, aparte de las lolas marca PIP, también existen implantes para glúteos, o sea para la cola, tanto para hembras como para varones interesados en culipandear.

En cuanto a los caballeros, la empresa PIP también fabrica implantes para las glándulas ovoides que producen los espermatozoides, popularmente llamadas bolas, como las de los árboles de navidad.

O sea que, para redondear, la marca PIP abarca lolas, colas y bolas, lo que la convierte en una amenaza latente para hembras y varones que, en este caso, son víctimas culaterales, como ocurre cada vez que la OTAN bombardea una población tercermundista.

Uno de los factores más sorprendentes es el elevado número de portadoras de implantes franceses, la mayoría de los cuales no entró al país como prótesis para uso médico, sino como material de contrabando en las maletas de las candidatas y candidatos a agrandarse ciertas regiones del organismo.

Muchos opinan que los cirujanos responsables deberían extraer las lolas PIP y sustituirlas por otras de mejor calidad y pagar cuantiosas indemnizaciones en los casos donde hubo daños para la usuaria o el usuario.

En ciertos eventos deberían responder con sus propias esféricas cuando, por su impericia, el paciente sufra una bola y parte de otra.

 

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